9.30.2008

Al abordaje de las grandes alamedas

Me quedó dando vuelta esto de los grandes chilenos y la pelea estrecha entre Allende y Prat. Creo que la contienda (término muy de Prat, ¿no?) se definió entre los dos porque ambos son personajes muy similares.

Prat y Allende dieron su vida por una causa derrotada. Prat sabía que la desprovista fragata Esmeralda no tenía nada que hacer ante el acorazado Huáscar, pero murió peleando hasta el final. Allende sabía que el golpe militar en su contra llevaba todas las de ganar y se suicidó para impedir que las Fuerzas Armadas se dieran el gusto de sacar de La Moneda a un presidente democráticamente electo.

De alguna manera, también Prat y Allende murieron por una utopía fallida. El héroe naval fue al abordaje de la nave enemiga impulsado por un patriotismo que en realidad disfrazaba intereses colonialistas en la explotación del salitre. El líder de la Unidad Popular se inmoló por un programa ideológico que en ningún lugar del mundo logró su propósito abolir la explotación y la pobreza.

Creo que a los chilenos nos gusta la derrota digna. Cuando vamos a perder, perdemos porque queremos. En eso se parecen los discursos del abordaje y las grandes alamedas. La contienda desigual nos viene bien. Nos gustan más los perdedores trágicos y grandilocuentes que los personajes eficientes, como Carlos Condell y algunos socialistas renovados.

8.18.2008

La belleza fea: una columna extraña

Me gustaría reivindicar y quiero creer en una belleza que pueda pertenecernos a la mayoría de los humanos: la belleza de la mediocridad y lo gris.

Pocas cosas dan para tantos lugares comunes y contradicciones como la belleza. Que es subjetiva, que cada época tiene su patrón, que es un atisbo de una supuesta universalidad, que es independiente de la moral, que no hay estética sin ética y así hasta llenar anaquel tras anaquel, biblioteca tras biblioteca.

Yo no sé. Tal vez lo único de lo que podría llegar a estar seguro es que la belleza, más que una definición, es una búsqueda. Lo único que tienen en común sus múltiples definiciones es que todas germinaron a partir de una pregunta o de un anhelo de belleza. Supongo que tanto lo celestial como lo monstruoso, lo armonioso y lo caótico, lo consolador y lo ominoso en la historia de la creación artística son el fruto de una búsqueda consciente o inconsciente de la belleza, aunque no sé qué puede ser esa belleza que se busca.

¿Dónde se puede buscar la belleza? Esa es la pregunta que me interesa. Yo estoy por buscarla, o por inventarla, donde no se le suele admirar, desde donde no se le puede llevar a las paredes de un museo.

Tampoco creo en la belleza física. Como miembro de la especie aún en edad fértil, por cierto que mi organismo reacciona ante el estímulo de una anatomía bien dotada, pero esa no es la belleza para mí. Eso es un incentivo para la reproducción que adquiere distintos ropajes culturales a lo largo de la historia. No creo que la belleza tenga que ser funcional.

La belleza que yo busco debe ser inútil. No lo planteo como definición, sino como requisito. La belleza que yo busco tiene que poder encontrarse en cada esquina de este mundo. No puede ser patrimonio de una élite bien instruida y alimentada ni de una vanguardia iluminada. La belleza que yo busco no pertenece a los héroes ni a los revolucionarios, a los malditos ni a los beatíficos.
La belleza que yo busco no tiene una épica ni una poética. La belleza que yo busco es fea, es gris, es mediocre.

Quiero creer en una belleza del miedo y la cobardía. En que hay algo de bello en la vida del funcionario que transita entre su casa y el trabajo, que está obligado a obedecer, que no tiene aspiraciones ni grandes sueños. Que no le hace mal a nadie, pero que tampoco hace el bien.

Necesito creer que hay belleza en el transcurso anodino de las horas de casi la totalidad de los humanos que han pasado, pasamos y pasarán sobre este mundo. La belleza de los artistas, de los poetas, de los profetas puede llegar a conmoverme, pero me huele a engaño, a una falsa promesa de trascendencia.

Me gustaría poder parar a cualquier hombre o a cualquier mujer en la calle y decirle “te encuentro bello, te encuentro bella, porque eres como yo y yo soy como tú, porque nuestro paso dejará pequeñas huellas que se disiparán en unas pocas generaciones, porque no somos héroes ni rebeldes, locos ni villanos. Somos bellos por estar vivos. Por ser. Por haber sido”.

7.01.2008

¿Es facho el rock?

Esa es una de las preguntas centrales de esta nueva columna en el siempre estimulante sitio plagio.cl.

"Lo que a veces me parece una música o, más que eso, una cultura contestataria y desestabilizadora, se me revela más tarde como un bien de consumo uniformador, conservador y, como las religiones, centrado en su propio mito, su propia retórica y sus propios mártires".

6.13.2008

En el día del padre: Las instrucciones que nadie me dio

Aunque soy padre hace cinco años, sigo considerándome un primerizo. Mi segundo hijo tiene siete meses y me parece que olvidé todo lo que, a fuerza de errores, pude haber aprendido con mi hija mayor. Una vez le di una mamadera con sal a la pobre. Le puse aceite en la ropa y el pelo pensando que era colonia para guaguas.

Me consolé pensado que había un aprendizaje luego de tales condoros. Pero acá estoy, igual de torpe y con la misma sensación de extravío de hace media década, cuando empecé en “la mágica aventura de ser papá”.

Como muchos congéneres que se las dan de evolucionados y progresistas, leí manuales sobre gestación y crianza de recién nacidos durante el primer embarazo de mi mujer. Deseché de plano la idea de releerlos durante el segundo. Esos libros sobreestiman a los hombres. Aprendí mucho sobre el tapón mucoso, pero en ninguna parte encontré tips como “asegúrese de endulzar la leche de su bebé con azúcar” o “lea bien las etiquetas de lociones y aceites antes de frotarlos en la ropa y el cuerpo de su bebé”.

Y eso que no me veo liderando el ranking de ineficiencia o flojera parental. Tengo amigos de mi edad y con hijos que hacen gestos de náuseas a la sola mención de las palabras pañal o mudador, sugiriendo que sufren una incompatibilidad biológica con la limpieza de desechos de lactantes. Yo les digo que mudar es lo más fácil. Vestir a una guagua es un desafío infinitamente mayor, a la paciencia, a la lógica y al orgullo.

Toda la vida pensé que no había nada más difícil que desabrochar el corpiño de una mujer, tanto por la destreza técnica necesaria como por lo que involucraba llegar a tal situación. Me equivoqué. Unir correctamente los botones y broches de un enterito o un pilucho es una proeza más ardua todavía. Además, hay que saber distinguir las prendas: pilucho, enterito, osito. No sé cuál es cuál. Sólo tengo claro que el pijama, que es como un buzo, es lo único que se parece a la ropa normal.

Por cierto, en ningún libro sobre “la dulce espera” ni “el maravilloso viaje de ser padres” vi diagramas para poner correctamente un pilucho. Ninguna mujer explica en esas páginas qué lo diferencia de un osito o de un enterito. Sospecho que ellas se han puesto de acuerdo por generaciones para crear un culto hermético en torno a la ropa de recién nacidos y así excluir a los padres.

Si uno lo piensa bien, no debería ser tan complicado. Si sólo basta distinguir lo abrigado de lo desabrigado, el frío del calor. Y eso créanme que puedo hacerlo. Aunque mi hija, esgrimiendo el historial de la temperatura de sus papas, tal vez sostenga lo contrario. Con que se le olvide lo de la sal me conformo.

6.07.2008

Sergio Ernesto Lavín Zamudio (1914 - 2008)


Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...
si hay algo en él de amargo, seré yo.
(César Vallejo)

Mi abuelo murió hace una semana y un par de días. Una leucemia que sobrellevó admirablemente durante muchos años terminó con su vida cuando tenía 93 años.
He querido escribir algo sobre él todo este tiempo, pero me habían detenido la pena y cierto pasmo que me produce la histeria de los ritos funerarios católicos, la invocación obstinada a dios y el más allá, la triste rutina de lugares comunes que se esgrimen como consuelo, la puesta en escena y los diálogos fútiles que se montan con el fin de disimular el triunfo de la muerte, protagonista que se impone siempre y pese a todo.

Viví con mi abuelo hasta los 21 años. El forma parte del cuadro hasta en mis primeros recuerdos. Crecí observándolo y gran parte de lo que soy se lo debo a él. Era un hombre bueno y sencillo. Fue el primero que me hizo el truco del pulgar que parece amputado. Fue el primero que me preguntó cuántos pares eran tres moscas y de qué color era el caballo blanco de Napoleón. Me contaba chistes. Como nadie, mi abuelo me enseñó a apreciar la importancia del humor y los juegos en la vida.

Lo recuerdo en la primera casa en que viví con él, la casa donde nací, sacando uvas del parrón y naranjas de un árbol cuyas ramas alcanzaba con una vara larga a la que había adosado un cortaplumas y un tarro para recibir la fruta. Mi abuelo siempre estaba inventando herramientas y muebles, pisos, taburetes, mesas. Le gustaba cuidar su jardín.

A veces me llevaba de compras y se valía de su simpatía natural para conseguir siempre alguna rebaja. Durante gran parte de su vida trabajó como vendedor, por lo que sabía tratar a la gente, demostrarle preocupación y consideración. Lo hacía honestamente y con todo el mundo. Era discretamente coqueto y galante. Pasó sus últimos días rodeado de mujeres.

Mi abuelo vivía en una forma que no era precaria, pero que tampoco iba mucho más allá de la satisfacción de las necesidades básicas. Creo que le bastaba con eso. Disfrutaba con lo esencial, el brote de una rosa, una copa de vino, una partida de dominó. Tal vez no tuvo ambición, pero nunca pasó por encima de nadie, nunca engañó, nunca manipuló, nunca explotó a nadie.

Mi abuelo era un hombre de otro tiempo, al que le importaban cosas que a nosotros ya no nos importan. Era capaz de ser feliz con un rayo de sol. Ahora que no está, creo que necesito aprender a ser como él.

5.19.2008

Etica de las Ciudades


Plagio está de relanzamiento con una interesante propuesta web.

En esta columna, discurro sobre la ciudad, abordando qué es más relevante, si su belleza o su bondad.
El romanticismo urbanístico de la clase media alta, sostengo, favorece una ciudad más bella pero más injusta.

Cosas que asumimos fácilmente que embellecen una ciudad pueden hacerla más desigual. Lo que se comúnmente se cree que la afea, puede convertirla en un lugar más ético.

3.29.2008

Sobre los huevos


Como debe sucederle a gran parte de los vegetarianos, muchas veces me resulta incómodo tener que explicar por qué no como carne de animales. En ocasiones como esas, adivino cuando ciertos interlocutores formulan para sus adentros juicios sobre mi sanidad mental. Se trasluce en sus miradas. Hay quienes incluso me han tildado abiertamente de loco o raro.


Debo reconocer que hay rasgos inconsistentes de mi vegetarianismo que también tienen parte de la culpa y me enredan. Al contrario de los veganos, utilizo productos de origen animal: zapatos, zapatillas, ropa de cama. Como huevos y productos lácteos.


Mis razones tienen que ver con el sufrimiento de los seres vivos. Tomarse la leche de una vaca o comerse los huevos de una gallina no es necesariamente hacerlas sufrir. Sé que en las condicciones actuales de producción agropecuaria esto no es así y la crueldad con estas especies es la norma. Pero aquí quiero abordar el tema en teoría. Y, en teoría, uno podría alimentarse con estos productos del ciclo de reproducción y crianza de aves, mamíferos y peces sin que tengan que sufrir, sin que registren dolor en sus sistemas nerviosos, que es como entiendo el sufrimiento en este ámbito. Por eso también como mariscos. No tienen cerebro, o sea, no tienen un procesador biológico capaz de registrar y codificar sensaciones de placer y displacer.


Con la ropa y otros textiles es lo mismo. Supongo que el cuero de un animal muerto sin intervención humana es tan bueno como el de uno que ha sido criado expresamente para convertirlo en alfombra o abrigo. De todos modos, no soy tan entendido en los menesteres de la curtiembre, así que agradeceré si algún visitante puede aclarar este punto.


Pero asumamos que no es necesario matar a un ser vivo para ocupar su piel. También se podrá pensar que no hay drama en sacarle una que otra pluma a los gansos o lana a las ovejas. Aparte de donar mis órganos, estoy dispuesto a que ocupen mi piel en lo que quieran después de muerto. Me seduce reencarnarme en zapatos o en un sofá.


La cosa es que a la gallina no le duele que uno se coma sus huevos. La clara y la yema tampoco experimentan sensación alguna. Ahora, lo curioso es que un huevo es similar a un embrión humano. No es que yo desayune embriones revueltos, sino que así como un huevo es un gallo o una gallina en potencia, el embrión es un humano en potencia.


Es inconsistente ver en los huevos un desayuno o insumos para un queque y ver en un embrión una vida humana full equipo, hasta con alma.


La idea de que los humanos posean un alma es bastante curiosa. Pero más curiosa es todavía la idea de que son los únicos seres vivos que cuentan con ella. Me parece que algunas religiones han tomado muy en serio lo que no es más que un ingrediente puesto en el Génesis para sustentar y acotar la tensión narrativa. Si se contara que Dios les dio alma también a los animales, el enredo habría sido mayor, la trama se habría desdibujado y adiós best seller.


Entonces, para ser un verdadero practicante de una religión que profese creencias de este tipo, hay que sostener que en alguna parte de un minúsculo embrión reside un alma. Que en las clínicas de fertilización se mantienen almas congeladas.


Para los credos que condenan el aborto, la fertilización asistida y los métodos anticonceptivos, el sufrimiento de los seres vivos que cuenta es sólo el de aquellos a los que atribuyen, sólo sobre la base de sus propios dogmas, la posesión de un alma.


Sin ese pequeño pero fundamental resquicio, sin esa fantasía que ha resistido milenios gracias a la porfía humana de considerar inferiores a los otros animales, los católicos, por ejemplo, no podrían comer huevos.


Qué suerte, porque a la copa son tan ricos, ¿no?

3.04.2008

Marzo es una fiesta


Pasé frente a uno de esos containers de pago de la patente y se me ocurrió.

Marzo es una fiesta sin festivos. Pero una fiesta, como semana santa, fiestas patrias, navidad, halloween, el 21 de mayo.

Es como un carnaval de regreso a los deberes y se organiza carnavalescamente, con vitrinas nuevas en las tiendas, con un repertorio humorístico común en las conversaciones cotidianas, con mensajes alusivos a las fechas en los medios de comunicación.

La publicidad, cuya especialidad es el lenguaje del carnaval, cachó tiempo atrás que tenía que hacer de este mes un rito para que nos riéramos de nuestro padecimiento, lo que también es propio de los carnavales.

Marzo es un rito que marca el inicio del ciclo de las aglomeraciones, de las congestiones vehiculares. Es la temporada de volver a lo colectivo. Es un baile masivo con otra música.

Me gusta esta mezcla de calor veraniego con la energía de una ciudad que se mueve al ritmo acelerado de los peatones, al compás ansioso de los automóviles embotellados, horadada por la percusión de los taladros y la maquinaria pesada.

2.14.2008

El Amor (y una dedicatoria a Valeria)


Ella le preguntó a su amiga: "¿Y ustedes, siguen estando enamorados?".

-No sé -fue la respuesta. No cacho.

-¿Pero podrías resistir no estar con él mañana? ¿Puedes imaginarte la vida sin él?

-Ah, no. No puedo.

-Entonces, estás enamorada.

Ella, la que preguntaba, es Valeria y yo no podría resistir estar sin ella mañana. No podría imaginar la vida sin ella.

Gracias por las mañanas y por esta vida, Valeria.

Te amo.

2.13.2008

Aforismos


Sospecho que las redes sociales online convierten en seres sociales a los antisociales y en antisociales a los seres sociales.

A propósito, pasamos de una época en que se supone que había que romper las redes a otra en que hay que construirlas, cuidarlas, promoverlas y adorarlas.

El tango electrónico es como el whisky con Coca Cola. Las dos cosas se echan a perder cuando las mezclas.

La crueldad de la vejez en los hombres se manifiesta como ausencia de pelo donde quieres tenerlo y abundancia de él donde no lo quieres.

El culto al "trabajo bien hecho" es un engaño. Se cree en él para olvidar el triste hecho de que el trabajo no tiene otro objetivo que satisfacer la necesidad de sobrevivencia propia de todos los animales. Cuando el león atrapa y devora a una gacela no piensa "fue un trabajo bien hecho". Si piensa, será algo como "otro día más vivo", lo que equivale a "otro mes de sueldo".

1.25.2008

El adiós a las partes privadas


¿Qué es privado hoy?

Hay una tesis de Teilhard de Chardin, el filósofo cristiano que inspiró a Marshall McLuhan, en que plantea que el destino de la humanidad es convertirse en un solo organismo conectado entre sí y a la naturaleza (la idea de Noosfera, tomada a su vez de Vladímir Ivánovich Vernadsky).

McLuhan concibió los medios de comunicación y las tecnologías como las conexiones entre las miles de millones de partes que conforman este único organismo.
Si las tecnologías y la información que ellas portan efectivamente están conformando este organismo, ¿cabe hablar de distinciones entre lo público y lo privado, si no somos más que parte del mismo todo?

Adoptar una nueva tecnología siempre significa ceder una porción de privacidad. Por ahí circula la historia de un noble francés de fines del siglo 19 o principios del 20 que lo entendió muy bien, cuando se opuso a poner un teléfono en su palacio. Se negaba rotundamente a que cualquier pebleyo, desde el sitio que fuera, pudiera irrumpir en su residencia haciendo sonar la campanilla de un aparato.

Hoy vivimos en la era del triunfo plebeyo de la interconexión. ¿Llegaremos a añorar la privacidad que hemos perdido para llegar hasta aquí? ¿Nos opondremos a perder la que nos queda mientras crece esta Noosfera?

12.31.2007

2007: Resoluciones sin cumplir


  • Retomar los estudios de alemán.

  • Terminar los siete volúmenes de "En busca del tiempo perdido".

  • Postear al menos una vez a la semana.

  • Apretar el abdomen.

  • Terminar este cuento.

  • Darle vida a MC Graff, el perro hip hopero que rima en pos de la moral, las buenas costumbres y la seguridad ciudadana.

  • Jugar más con esta adorable persona pequeña.

  • Escribir el ensayo "Nuevo puritanismo: La ética del mundo on line".

  • Entender por qué soy como soy.

10.08.2007

Proyectos de tesis

"No eres dueña de tu vida": Sumisión femenina y destino trágico en las heroínas de las teleseries dirigidas por Oscar Rodríguez.

"¡¿Qué dice el público?!": Participación democrática en Sábados Gigantes, 1978 - 1985. Un enfoque multidiscplinario.

"Shana nanina": Lenguaje y deconstructivismo en la discografía de La Ley.

"Estrechez de corazón": Malestar social y su vínculo con las cardiopatías en Chile expresado en las canciones de Los Prisioneros.

"Inolvidable como lo que no se puede olvidar": Los mecanismos de la memoria en la música de Keko Yunge. Un aporte desde la neurociencia.

"Way beyond compare": Desire and idealization throughout the Lennon-McCartney songbook.

10.04.2007

En este instante fecundo...

Siempre me ha molestado la costumbre nacional de desbordarse en homenajes y conmemoraciones en torno a una figura cuando se trata de una fecha como su natalicio o el aniversario de su muerte.

O sea, no pretendo que no se hagan, pero me irrita esa catarsis en que entra todo el mundo a raíz de la efeméride específica, para luego olvidarse del personaje el resto del año. Tal vez por ese olvido, las celebraciones y actos respectivos son siempre llevados a cabo con una alharaca sólo atribuible a la culpa, como los parientes que se ponen sentimentales en las reuniones que realizan muy de vez en cuando.

Hoy, Violeta Parra habría cumplido 90 años y, como era de esperar, está en todos lados. Lo más probable, como suele ocurrir, es que mañana vuelva a desaparecer.

Pero en esta ocasión hay excepciones. Como una forma de honrar su nombre de modo permanente, la radio Rock & Pop lanzó una campaña para rebautizar como Violeta Parra la calle Carmen, donde la casa con la numeración 340 albergó la Peña de los Parra. También estará la exposición de sus arpilleras en el Centro Cultural del Palacio La Moneda desde el 8 de noviembre. No termino de convencerme si las arpilleras son realmente buenas o las podría haber hecho un estudiante más o menos diestro para el día de la madre, pero agradezco poder ir a verlas y decidirlo con información de primera fuente.

Sobre el nombre de las calles, creo firmemente en su poder. Es quizás la forma más efectiva de escribir nuestra historia. Si Jaime Guzmán tiene su calle, Violeta Parra la merece muchísimo más. Entre alguien que desconfió de la democracia y una mujer que llegó a la médula de la música y la poesía, no tengo dónde perderme.

Recuerdo que, cuando éramos niños, a mi hermano y a mí nos estremecía el Rhin del Angelito. Violeta Parra nos había enfrentado sin más al misterio y la inevitabilidad de la muerte, en una canción que además se enseñaba en el colegio como una inocente pieza folclórica. Nada, la vieja estaba mucho más allá del folclor. Lo suyo es filosofía, poesía al hueso. Puro punk a pata pelá.

Por cierto que ella no necesita los homenajes. Son necesarios para nosotros, sobre todo para un país en gran parte culpable de no haberle prestado atención. Aunque siempre tendré la duda de si, de haberla reconocido en vida, ella se habría sentido cómoda. Algo me dice que cierta disposición trágica le impuso ese carácter huraño e indomable que describen quienes la conocieron y que, sin esos rasgos, sin vivir en una adversidad permanente, muchas de sus canciones no habrían germinado.

Ella lo pasó mal para que nosotros accediéramos a la belleza de su obra. Hay algo de sacrificio ahí, tal vez involuntario, pero acaso todo sacrficio, todo heroísmo, toda acción humana no sea si no involuntaria. Da lo mismo, debemos tener presente que estamos recordando a una mujer que no fue feliz, sin cuya desdicha no podríamos haberla admirado. Eso merece más que una calle. Merece sobre todo respeto. Y algo de silencio.

10.02.2007

Aunque llegue tarde: Naty

Recuerdo conversaciones en la sala de clases a los 16 años. Tuve la mala suerte de concluir la educación secundaria en un colegio liberal en ciertos aspectos conductuales, incluida la sexualidad, aunque muy conservador en otras materias. Digo mala suerte no por los rasgos conservadores que pudo haber tenido el colegio, sino porque de aquella liberalidad sexual que imperaba me tocó prácticamente nada.

Debía contentarme escuchando los relatos de compañeros y compañeras sobre sus incursiones sexuales, su placer, su atrevimiento, su permanente cruce de límites, todo contado con relajo y franqueza, con cierta madurez que, retrospectivamente, me asombra. Los que ya habían dado curso en pareja a su sexualidad compartían su experiencia con un entusiasmo alejado del morbo, como una celebración generosa del florecimiento de sus propios cuerpos.

En una de las tantas ocasiones en que fui oyente envidioso de sus proezas, la conversación llegó al tema del sexo oral. "Todas te lo chupan a los 21", dijo un compañero. "Qué asco, nunca lo voy a hacer", dijo una chica. "Nunca digas nunca jamás" replicó otra con sabiduría.

Hace 10 días vi "Wena Naty". Si mi compañero de curso de entonces tenía razón, la edad promedio del, digamos, consentimiento oral ha caído al menos en siete años.

Claro que algunas cosas han cambiado desde entonces. Hoy, prácticas como el sexo oral y anal suelen ser consideradas como parte de un repertorio previo a la relación sexual genital, lo que más bien era a la inversa dos décadas atrás. Sobre todo entre jóvenes de clases altas, esto es visto como una forma de preservar la virginidad y no correr el riesgo de un embarazo no deseado. El sexo sin pentración genital está menos asociado al compromiso, se corresponde mejor con el impulso de exploración propio de la edad.

La energía sexual de los adolescentes de hoy también es distinta. Hay más estímulos, más acceso gratuito y libre de trabas a la pornografía. Hay reggaeton. Si Dady Yankee hubiese existido a mis 16, tal vez algo de acción me habría tocado y no habría tenido que graduarme invicto.

Y está la tecnología. El papel impreso llevó la iniciación sexual a espacios cerrados como baños y dormitorios. Los medios audiovisuales crearon el descubrimiento sexual como una experiencia en grupo, como rito compartido entre amigos que robaban cintas porno de sus padres. La conjunción de portabilidad, digitalización e interconexión de nuestros días hacen de la experiencia pornográfica una actividad comunitaria que se comparte desde el anonimato. En un plano relevante, el ícono Naty es más importante que la escolar real que protagonizó la historia (hay planos donde sí deberíamos poner más atención a la joven real, sobre todo al discutir sobre su expulsión del colegio o sobre el machismo que tristmente impregna todo este asunto).

La relación entre privacidad y exposición pública que este caso ha traído a la atención de varios ha sido expuesta acertada y atractivamente aquí. Tal como lo dije en un comentario del sitio recién linkeado, me llama la atención que la escena se haya registrado en un espacio público, casi como una subversión del porno, que transcurre entre paredes para construir la fantasía de la violación de la intimidad de terceros. "Wena Naty" es declaradamente no íntimo. La tecnología ha convertido los espacios cerrados domésticos en sitios más públicos que los parques y las plazas, ahora confinados a refugio para lo que antes se hacía a escondidas, tras puertas cerradas.

Toda esta historia me ha llamado la atención sobre cómo se están redibujando las fronteras entre lo público y lo privado, entre adultez y niñez, entre sexo y afectividad. Wena, Naty.

8.29.2007

¿Tenerla larga o feliz?

Hay un chiste gringo más o menos así:

Una mujer se acercó a un pequeño hombre viejo que se mecía en una silla en su pórtico. "No pude evitar darme cuenta de lo feliz que se ve usted", dijo ella. "¿Cuál es su secreto para una vida larga y feliz?", le preguntó. "Fumo tres cajetillas de cigarrillos al día", respondió él. "También me tomo una caja de whiskey a la semana, como grasas y nunca hago ejercicio". "Es impresionante", dijo la mujer. "¿Cuántos años tiene?" "Veintiséis", dijo él.

El chiste implica, obviamente, que no se consigue una vida larga bebiendo, fumando, alimentándose mal ni practicando el sedentarismo. Pero no quiere decir necesariamente que así no se pueda llevar una vida feliz. El viejo de 26 años se veía tranquilo y contento. Eso fue lo que llamó la atención de la mujer, no su supuesta longevidad.

Vieja pregunta, entonces. ¿Vale más la pena esforzarse por una vida larga que por una vida feliz?

8.16.2007

El sueldo ético

El llamado de la iglesia a instaurar un sueldo ético es tal vez un ejmplo más de la clásica relación por medio de la culpa que ella tiende con sus fieles. Pero está visto que, cuando se trata de meterse la mano al bolsillo, la culpa no funciona mucho con los empresarios católicos .

Es una contradicción divertida que, en líneas generales, quienes comparten las orientaciones morales de la iglesia no compartan sus orientaciones sociales y que quienes sí se identifican con su mensaje social no se vean representados en su doctrina moral.

Es difícil ser católico de verdad. Habría que ser progresista y cartucho, un bicho muy raro. Como los tiempos no están para andar quemando herejes, la jerarquía de la iglesia tiene que conformarse con un rebaño que la sigue a medias. Incluso Benedicto 16 parece no estar persistiendo todo lo que se esperaba en su agenda ortodoxa.

Aunque el problema real de la iglesia y de la gente que alberga buenas intenciones sociales es otro. Tanto la economía como el sexo responden a los impulsos biológicos de la procreación y la sobrevivencia. Inscribirlos en las esferas de la ética y la moral resulta contraproducente.

La historia demuestra que cada vez que se ha intentado atribuir principios de justicia racional al mercado, sólo se ha creado más pobreza. Es una constatación odiosamente facha, pero hasta el momento no ha surgido experiencia que la desmienta.

La restricción de los impulsos sexuales según un diseño moral ha derivado en represiones, neurosis, psicopatías y otras calamidades (también una que otra desviación sexual placentera, si no todo es tan malo tampoco).

El mercado no es cruel, como decía Patricio Aylwin. El mercado es amoral, igual que la naturaleza. Eso se confunde con crueldad, pero un terremoto no es realmente cruel. Lo cruel son sus consecuencias para quienes no han tenido las mismas oportunidades que otros. Y ahí sí que pueden entrar las buenas intenciones racionales de los humanos.

Lo ético no debe perseguirse en los sueldos, sino en cuán iguales son las oportunidades que tenemos para acceder a sueldos y vidas decentes. Al menos con los seres vivos de nuestra misma especie, deberíamos procurar que nadie nazca en desventaja, cosa que también parece natural. Lo otro sería eliminar justo después de nacer a las crías que van a sufrir , pero parece que no estamos genéticamente programados para eso.

La gente que cree en abstracciones universales como el progreso continuo, el cristianismo y el islam es la que está depredando el planeta y creando pobreza. El regreso a una vida más natural y libre de creencias inviables sería, curiosamente, más ético y justo.

8.01.2007

Ambición

Se lo dije hace poco a un amigo. Tal vez, él pensó que se trataba una vez más de mi insoportable cinismo o mi afán permanente por lo que se conoce como épater les bourgeois. Pero yo estaba siendo sincero.

"Mi ambición -dije- siempre ha sido ser la persona más conocida, admirada, bella, rica y poderosa del mundo".

Suena terrible, megalómano, psicótico. Pero no es tanto. Lo que pasa es que, junto con reconocer que albergo esa ambición, asumo automáticamente que es imposible de realizar. Entonces, todo queda donde mismo.

Lo que me parece importante de esto es la necesidad de reconocer que los impulsos de muchos de nosotros tienden a ese narcisismo radical, a un egoísmo que ciega ante los otros, a pensar, tal vez no tan ilusioramente, que somos el centro del universo (desde el punto de vista de que somos los protagonistas de nuestras percepciones, sí lo somos).

Darse cuenta de que no es así también es necesario, pero requiere cierto humor, un grado de desprendimiento, no tomarse tan en serio. La humildad puede ser perfectamente el producto de una ambición extrema e imposible de satisfacer. De hecho, lo único que cabe ante tal ambición, por lógica, es la humildad.

Muchas veces, confío más en la gente que se reconoce ambiciosa, vanidosa o envidiosa que en la gente que proclama ser todo lo contrario. No es que necesariamente mientan, pero despiertan más sospechas.

Así que reconozcamos nuestras ambiciones y celebremos con alivio que nunca van a ser completamente satisfechas.

7.25.2007

La edad sin edades

Una nueva columna en plagio.cl de autoría del suscrito:

"Los límites entre lo que hemos concebido culturalmente como niñez, juventud, adultez y vejez son cada vez más difusos. Los niños hacen como los adultos, los viejos se portan como jóvenes, los adultos viven como niños.

"El período de vida sana y productiva que nos toca es considerablemente largo y homogéneo. Todas las edades se parecen."

Los argumentos, además de arrebatadoras escenas de intriga, acción y sexo, aquí.