
Tema de conversación de domingo en la cama por la noche junto a la bella Valeria, viendo Music Video Awards de MTV.
"¿Qué es esto?", nos preguntábamos consternados ante tanto hip hopero chulo en vaselina y a dos mil dólares cada percha. Yo añoraba los años del hip hop bien tuja, tipo Run DMC, Kurtis Blow, Public Enemy, incluso.
Hablábamos de ser joven. De si realmente había gente joven que disfrutaba ese anzuelo disfrazado de música lanzado por Tommy Hilfiger o algo peor. Y de si nosotros éramos jóvenes o no.
Yo lo tengo claro: no lo soy. Pago dividendo, soy padre, pago Isapre, impongo en una AFP. Sólo me falta el APV, pero espero tener pronto noticias al respecto. La vida ya no es para mí un campo de infinitas posibilidades abiertas hacia el futuro. Mis actos están en gran parte limitados y determinados por mis responsabilidades. No se puede ser joven si llegar a fin de mes figura alto en tus prioridades.
Por otra parte, ¿hasta cuándo vamos a estirar la cuerda de la juventud? ¿Hasta los 40? Por favor, ¿me van a decir que alguien que debería estarse chequeando la próstata sigue siendo joven? Aún así, seguimos escuchando hablar de "jóvenes" de más de 30 e incluso más de 40.
El lugar común reza que siempre se puede ser joven de espíritu. Eso me huele más que nada a un consuelo ante el paso del tiempo y el deterioro físico y mental. A nadie le importa ser joven de espíritu. Si realmente importara, los cirujanos plásticos no se forrarían como lo hacen. A propósito, hay mucha gente cuya vejez se adivina por lo jóvenes que han quedado luego de sucesivas aplicaciones cutáneas y subcutáneas del bisturí y el rayo láser.
Reconozco ser vanidoso. Que hago ejercicios más por eso que por la salud. Eso me convierte precisamente en un viejo. En alguien que está envejeciendo, al menos. Me alegro. No lo pasé bien siendo joven. Empecé a disfrutar las cosas cuando ya empezaba a ser adulto, a los 21, terminando la universidad y comenzando a trabajar. Así que no añoro esos años jóvenes de culto al malditismo, a la pose, al físico, a la onda. Yo no encajaba ahí. Lo único bueno de haber sido joven es que tuve que pasar por eso para llegar a esto.
Finalmente, me pregunto: Mientras mi mujer, mis amigos y yo podemos estar bailando a las 4 de la mañana en una fiesta, poniendo música, conversando, comiendo, bebiendo, pintando el mono, muriendo de la risa al inventar proyectos irrealizables, ¿dónde están los jóvenes? ¿Chateando?