3.30.2006
Estrategia estratégica
"Hay que tomar una decisión estratégica", "tal cosa o tal persona tiene valor estratégico", "necesitamos diseñar una estrategia", "entréganos un plan de acción estratégico", "hay que enfrentar esto con comunicación estratégica". A veces me imagino que, en medio de una reunión, alguien va a pedir un "café estratégico", va a atender una "llamada estratégica" o se va a parar para hacer una "visita estratégica" al baño.
Me llama la atención que haya tantas cosas estratégicas, porque supongo que, si se las califica de tales, se trata de cosas realmente importantes y preciadas. Y si miro a mi alrededor, en realidad no encuentro casi nada que sea tan importante, decisivo o crucial. Es más, me parece que la importancia de un objeto, de una persona o de una acción se debe a su carácter especial o su escasez, como creo que se dice en economía.
Hagamos una breve detención en el diccionario de la Real Academia Española:
estrategia.
(Del lat. strategĭa, y este del gr. στρατηγία).
1. f. Arte de dirigir las operaciones militares.
2. f. Arte, traza para dirigir un asunto.
3. f. Mat. En un proceso regulable, conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento.
estratégico, ca.
(Del lat. strategĭcus, y este del gr. στρατηγικός).
1. adj. Perteneciente o relativo a la estrategia.
2. adj. Que posee el arte de la estrategia. U. t. c. s.
3. adj. Dicho de un lugar, de una posición, de una actitud, etc.: De importancia decisiva para el desarrollo de algo.
Dos cosas: Según estas definiciones, la estrategia tiene que ver con el control, es aplicable a "procesos regulables" y lo estratégico, como decía antes, es aquello decisivo para conseguir algo.
Creo entonces que el abuso de la palabra estrategia se debe a que, sobre todo en las empresas, predomina la ilusión de que el mundo es controlable. He advertido que toda la gente lo sabe, pero prefiere hacerse la lesa. Es como cuando se nos olvida que todos nos vamos a morir. Ahora, ese olvido es necesario, porque nadie puede andar por el mundo con esa angustia de lunes a lunes, las 24 horas del día. Tal vez en el mundo del trabajo sea necesario mantener la ilusión del control sobre las cosas. Y también me huele que se necesita mantener la ilusión de que cada cosa que hacemos es crucial para la obtención de logros que igualmente creemos vitales.
Pero pensemos en un marinero que consigue financiamiento de la corona española para buscar una ruta alternativa a las Indias, porque los otomanos tienen bloqueado el único paso conocido y la gente de Europa necesita las especias de esa zona para comerciar y sazonar sus fomes comidas medievales. Su viaje era vital, necesario, estratégico. El tipo, creyendo haber llegado a las Indias, llega a una tierra hasta entonces ausente en los registros de los europeos. Desde un punto de vista estratégico, diríamos que fracasó. Sin embargo, no se ños enseña que Colón haya sido un loser.
¿Qué estrategia tenían el funcionario de patentes que formuló la teoría de la relatividad, el cavernícola que encendió fuego por primera vez, Lennon y McCartney? Napoleón, el estratega estereotípico, se convirtió en un emperador tirano que tiró por la borda los principios de la revolución francesa y precipitó una reacción conservadora en Europa tras su caída. Graham Bell pensaba que el teléfono serviría para llevar conciertos de música clásica a públicos distantes. Internet surgió como un sistema de comunicación militar. Los descubrimientos, inventos y obras que han cambiado la historia generalmente no han obedecido a estrategias delineadas o al menos sus resultados, aquello que ha gatillado los grandes cambios de la historia, no han tenido que ver con lo que buscaba la estrategia formulada al inicio.
Estrategia es una palabra con que disfrazamos la escasa relevancia de las acciones y decisiones de la abrumadora mayoría de mortales que pasaremos por este mundo con pena o sin ella. Pero no con gloria.
Es una necesidad estratégica.
3.10.2006
Lo que no había antes de Lagos (una lista incompleta en su penúltimo día de gobierno)
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- Medallas de oro en Tenis
- Concierto (en la etapa "radio de hoy")
- Morandé con Compañía
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- Metro a Pte. Alto y a Recoleta
- Christell
- Suerte
2.28.2006
¿Cómo Estuvieron las Vacaciones?
Recuerdo particularmente una vez en que nos hiceron escribir el relato de nuestro veraneo y no era más que un cazabobos psicopedagógico para detectar quiénes eran disléxicos en el curso.
Claro que lo que más me irrita es la inevitable continuación de la interrogante: "¿Descansaste?".
Mi instinto de conservación y espíritu rousseauniano, con un no desdeñable aporte del súper yo, me contienen y se imponen sobre mis impulsos agresivos con una escueta respuesta afirmativa acompañada de una inexpresiva sonrisa de cortesía.
"Claro que descansé", me gustaría contestar en realidad. "Quién no descansa viajando en un auto sobrecargado, instalando todo su contenido en una casa desconocida, haciendo camas, lavando platos todos los días, bajando a la playa con una tonelada de pareos, toallas, paletas, baldes, quitasoles y bloqueadores pese a los cuales igual terminas hecho añicos con el sol, llenando de arena incluso las cosas que nunca la tocaron, inventando cada cinco minutos una nueva forma de negarte a comprarle un helado a los cabros chicos, batallando con un calefont cuyos caprichos te torturan en la ducha, engordando como foca con panes amasados cuyos nocivos efectos tratas de contrarrestar trotando y haciendo abdominales hasta reventar y así día tras día hasta que tienes que volver a meter al auto todo eso que de milagro cupo a la ida y también de milagro esperas hacer caber a la vuelta".
No. En las vacaciones, por lo menos en las mías, no se descansa.
Pero no me quejo. Al contrario, me gusta el desgaste de las vacaciones, porque que tiene que ver con lo básico. Es un agotamiento no alienante. Te cansas de lavar platos porque necesitas comer en platos limpios. No te cansas obedeciendo ni dando órdenes cuyo sentido se te escapa, aunque sabes que así recibes a fin de mes un pago que te tendrá otros treinta días sometido al mismo sinsentido.
En las vacaciones, tu desgaste tiene un sentido inmediato y claro, de algún modo ligado a las rutinas básicas de la sobrevivencia. El subvalorado Eugenio Tironi afirmó en uno de sus últimos libros que Chile sería un verdadero país desarrollado cuando los sectores más pudientes vivieran sin empleadas domésticas. Es decir, cuando todo sintamos como algo cotidiano el cansancio de las vacaciones.
12.12.2005
La Verdadera Adolescencia

Tiempo atrás, en una reunión de trabajo, hablábamos sobre la gente de mi edad. De mi edad y también en mi situación de vida. Gente que trabaja independiente o como empleada en el sector terciario, con escolaridad superior a los 15 años, cotizante del sistema privado de salud, con auto propio y vivienda sólida. Me puse medio Censo en la descripción, pero en fin. Hablábamos, en el fondo, de lo que se ha dado en conocer como el adulto joven de clase media y media alta.
En un post anterior escribí sobre nuestro patético apego a la juventud. La palabra apego tiene mucho de literal en este caso, porque las edades de los humanos hoy reciben rótulos que incluyen la etapa que las preceden directamente.
Los adultos somos adultos jóvenes y los ancianos son adultos mayores. Mientras, en el otro extremo de la vida, nuestra idea sobre la niñez tiende a asimilarla a la etapa siguiente. Hoy se habla de los pre púberes como tweens, anglicismo que en el fondo designa una adolescencia previa a los signos del desarrollo sexual.
Todo parece converger en torno a a la adolescencia y la juventud. Es el terreno imaginario donde situamos las vidas tanto de quienes aún no viven esa fase como de quienes ya la atravesamos. Antes, concebíamos la adolescencia como un momento de identidad inestable, de búsqueda y cuestionamiento, de conflicto y enfrentamiento. Pensábamos en ella como un período de percepciones difusas, de gestos y hábitos en cambio permanente. La adolescencia era la edad de lo incierto.
Hoy, me parece que los únicos que tienen clara y resuelta su identidad son los adolescentes. El resto, y sobre todo los adultos, vivimos peleando con nuestra identidad. Nosotros nos comportamos como adolecsentes sin rumbo tratando de compatibilizar diversión con trabajo, responsabilidad con desenfreno, familia con amigos, placer con ahorro.
Queremos tenerlo todo. Queremos ser jóvenes y adultos al mismo tiempo. Nos negamos a abandonar la juventud y también a entrar de lleno a la adultez. Tal vez seamos presa de un deseo cuya condición para seguir existiendo es no ser satisfecho. Esa es la misma lógica del mercado, no sólo de los bienes, sino también de las aspiraciones, donde todo se acaban si las expectativas dejan de sobrepasar a la realidad. Por eso, buscando estar satisfechos sin poder llegar realmente a estarlo, gastamos a la vez que ahorramos, nos cuidamos a la vez que nos excedemos, soñamos a la vez que somos prácticos.
Es el sistema. Y para que funcione no tenemos que comportarnos como adultos. No hay que crecer ni madurar para mantenerlo. Debemos ser, quién sabe hasta cuando, puramente adolescentes.
11.03.2005
Bueno, Pero No Se Enoje
He estado pensando en esto desde que Ricardo Lagos se enfureció con un grupo de ecologistas en Valdivia, pero no había tenido tiempo para escribirlo.No entiendo a la gente enojona. Más bien, entiendo los enojos. Yo paso enojado muchas horas del día. Lo que no comprendo es la acritud, el mal genio, la pérdida de los estribos. Hablar a gritos. No me gusta que un presidente se comporte de esa manera, menos si se piensa que ese temple malhumorado que tiene el nuestro es uno de los elementos que han contribuido al respeto reverencial que hoy le profesan desde el anónimo ciudadano de a pie hasta los líderes empresariales.
La mayoría de las veces, enojarse es comportarse con egoísmo. El que se enoja cree que los demás comparten su idea de cómo son las cosas, de lo que hay que hacer y lo que no. El enojado no se entiende más que a sí mismo. Cuando se le pasa, ha empezado a comprender que el mundo es compartido por gente con distintas historias y distintas miradas.
También, para ser justos, los que hacen enojar a alguien se han comportado con egoísmo. Básicamente, porque no se han detenido a pensar que su forma de hacer las cosas, o de no hacerlas, puede molestar a otros. Como buen pasivo-agresivo, yo me cuento en este grupo.
Ricardo Lagos piensa que merece nada más que admiración hacia el final de su gobierno. No está dispuesto a aceptar cuestionamientos cuando está a punto de culminar una de las administraciones más exitosas de nuestra historia. Bramó a los ecologistas que nadie lo había hecho a callar en dictadura, pero no reparó en que lo que hacía era callar a quienes protestaban, precisamente lo que la dictadura quiso hacer con él.
El enojo es muchas veces así, una gran contradicción para el que es su presa. Me ha tocado verlo varias veces en mis trabajos. He conocido jefes que asumen una actitud relajada la mayor parte del tiempo, pero que ante una contariedad relevante o bajo mucha presión se convierten en energúmenos desquiciados, vociferantes y abusadores. Eso pasa porque ellos mismos han rehuido establecer reglas claras y les atemoriza dar órdenes taxativas. Tienen miedo al poder. No pueden convivir bien con él.
Saber dar órdenes y saber seguirlas es un arte. En cualquier lado que uno le toque estar, requiere humildad y empatía. Claridad para explicar y valor para hacer sentir la autoridad, por una parte, y no acatar lo que no se considera justo o apropiado, por otra. Es una mezcla entre fuerza bien ejercida y sabiduría.
La gente que domina este arte se lleva mejor con el poder. Es gente justa y responsable. Tal vez su vida no sea una montaña rusa de emociones y transcurra más bien en la planicie de la templanza. Pero más de alguna vez he visto a estos personajes sonriendo con un semblante que irradia calma e impele a creer que podemos llevarnos mejor si queremos.
10.17.2005
Kathy Barriga
Darme cuenta me tomó por sorpresa: admiro a Kathy Barriga.La revelación se incubó cuando alguien, no recuerdo quién, comentó: "La pega de esa mina es sencillamente aparecer en la tele". No puse mucha atención a la frase entonces, pero tiempo después volvió a mi mente, repitiéndose una y otra vez hasta que adquirió su sentido definitivo.
Supuse que Kathy diría la verdad si respondiera "mi trabajo es salir en la tele" cuando le preguntaran por él. Concluí que el principal anhelo de esta mujer es simplemente ése, salir en la tele. Que su trabajo, en el fondo, es cumplir ese anhelo. No importa específicamente en qué. Tal vez tampoco importe cómo.
Recuerdo que la gente que trabajaba en Maldita Sea, de Rock & Pop TV, se reía de ella cuando hacía el personaje de Robotina, la doméstica que atendía a Rodrigo "Pera" Cuadra y a Juan Andrés Salfate mientras ellos veían películas malas. Robotina, decían, se la creía demasiado. Le ponía mucho color a eso de salir en pantalla. Se juraba rostro.
Pobres, no entendían. No sabían que la chica trabajaba para cumplir un anhelo, algo que muchos de ellos seguramente no podían decir de sí mismos. En eso, Kathy los sobrepasaba. Sin demasiado talento, carisma, ni belleza, ella comenzaba un camino del que no se desviaría, por mucho que pasara de ahí a Mekano, a la granja VIP y donde fuera. A fuerza de pura determinación, cejaría por no desaparecer.
Con una potente mezcla de ambición e instinto de sobrevivencia, Kathy Barriga me recuerda que uno es capaz de conseguir muchas cosas si tan sólo decide luchar por ellas. Tener una idea de lo que se quiere y creer en uno mismo son el primer paso. Suena obvio, pero cuesta. A mí me cuesta, por lo menos. Por eso admiro a la gente que lo tiene claro. No importa si su objetivo es descubrir nuevas fuentes renovables de energía o sencillamente ser rostro de televisión. Hay un nivel básico, esencial, en que los requisitos de cualquier logro humano son los mismos. Kathy Barriga cumple con ellos y nadie me mueve de ahí.
No estoy diciendo que admire a toda la gente que cumple sus sueños. No puedo defender a alguien cuyo sueño es transformarse en asesino en serie y actúa con la convicción necesaria para lograrlo. Tampoco admiro a otros rostros cuya permanencia en la pantalla depende de intrigas, mentiras, manipulación y cualquier acción que pase a llevar a otros. Es necesario agregar honestidad a la convicción.
Espero que Kathy sea honesta.
10.12.2005
Condones, Transfusiones y Cinturones de Seguridad
Supongamos que se elevan drásticamente las muertes en accidentes automovilísticos debido al no uso de cinturón de seguridad. Siguiendo el argumento de quienes destacan que el condón no es cien por ciento efectivo, el gobierno no podría emprender una campaña por el uso del cinturón de seguridad, ya que éste tampoco evita la muerte en el cien por ciento de los accidentes.
9.21.2005
El Trabajador Radial
Este post es un homenaje a ellos, gente con la que trabajo en la Concierto, uno de los proyectos más bellos de mis años laborales. Y también el más exitoso. Lo he pasado bien y lo he pasado mal, como en todo. Pero como en muy pocas cosas, ha valido la pena.
Mi mamá trabajó en radio. Mi papá también. Algo debe haber ahí. Pero yo no me identifico tanto con el medio. Me identifico con el proyecto. No me importa "la magia de la radio", ni la inmediatez, ni la libertad que supuestamente te ofrece. Me importa más que la radio específica donde yo trabajo sea un medio honesto, apasionado y jugado. Y eso está. Así que gracias a los que la mantienen así.
Y también muchas gracias a los que escuchan, que le dan sentido a todo esto. Sigan ahí e inviten a sus amigos.
9.11.2005
Salvador Allende

Quedan pocos minutos para que termine un nuevo 11 de septiembre. No he visto las noticias, así que no tengo idea de lo que ha pasado en los actos y manifestaciones de siempre.
Sólo pensé un momento en Allende, antes de que concluyera el día. El mismo día de otro calendario cuyo fin él no alcanzó a ver, pero que sigue resonando para muchos.
Resuena su último discurso. Y resuenan, aunque nadie los haya registrado, los tiros con que terminó su vida. Ese sonido violento, unido a la imagen de su cadáver con el cráneo partido, es una de las primeras irrupciones de lo macabro que muchos experimentarían a contar de entonces. Pero también es la medida de un acto con que Allende, creo yo, quiso legar algo de confianza en la vida para los que vinieran después.
Allende dio un ejemplo extremo de fidelidad a los compromisos de un gobernante con su país. Quizás en ese momento él era el único que sabía que lo peor que podía pasarle al país era perder la democracia. No lo sabían, obvio, ni la derecha ni el centro. Pero gran parte de la izquierda tampoco. El sí. Y era algo que sólo podía pasar sobre su cadáver.
No sé qué hubiese pensado yo de Allende de haber tenido la edad que tengo ahora cuando él gobernaba. Hoy sé que hizo muchas cosas mal. Demasiadas. Pero hay dos cosas por las cuales lo admiro, independientemente de lo que haya conseguido. Primero, que su intención fue siempre gobernar para beneficio de los desposeídos. Segundo, su capacidad de dar la vida para derrotar moralmente y desde el primer día a las fuerzas concatenadas en su contra.
Treinta y dos años después, el general oscuro y de mirada inhumana que a última hora se decidió a engrosar las filas de esa conspiración, espera la muerte en medio de la deshonra y el abandono.
8.31.2005
Yo No Quiero Ser Joven

Tema de conversación de domingo en la cama por la noche junto a la bella Valeria, viendo Music Video Awards de MTV.
"¿Qué es esto?", nos preguntábamos consternados ante tanto hip hopero chulo en vaselina y a dos mil dólares cada percha. Yo añoraba los años del hip hop bien tuja, tipo Run DMC, Kurtis Blow, Public Enemy, incluso.
Hablábamos de ser joven. De si realmente había gente joven que disfrutaba ese anzuelo disfrazado de música lanzado por Tommy Hilfiger o algo peor. Y de si nosotros éramos jóvenes o no.
Yo lo tengo claro: no lo soy. Pago dividendo, soy padre, pago Isapre, impongo en una AFP. Sólo me falta el APV, pero espero tener pronto noticias al respecto. La vida ya no es para mí un campo de infinitas posibilidades abiertas hacia el futuro. Mis actos están en gran parte limitados y determinados por mis responsabilidades. No se puede ser joven si llegar a fin de mes figura alto en tus prioridades.
Por otra parte, ¿hasta cuándo vamos a estirar la cuerda de la juventud? ¿Hasta los 40? Por favor, ¿me van a decir que alguien que debería estarse chequeando la próstata sigue siendo joven? Aún así, seguimos escuchando hablar de "jóvenes" de más de 30 e incluso más de 40.
El lugar común reza que siempre se puede ser joven de espíritu. Eso me huele más que nada a un consuelo ante el paso del tiempo y el deterioro físico y mental. A nadie le importa ser joven de espíritu. Si realmente importara, los cirujanos plásticos no se forrarían como lo hacen. A propósito, hay mucha gente cuya vejez se adivina por lo jóvenes que han quedado luego de sucesivas aplicaciones cutáneas y subcutáneas del bisturí y el rayo láser.
Reconozco ser vanidoso. Que hago ejercicios más por eso que por la salud. Eso me convierte precisamente en un viejo. En alguien que está envejeciendo, al menos. Me alegro. No lo pasé bien siendo joven. Empecé a disfrutar las cosas cuando ya empezaba a ser adulto, a los 21, terminando la universidad y comenzando a trabajar. Así que no añoro esos años jóvenes de culto al malditismo, a la pose, al físico, a la onda. Yo no encajaba ahí. Lo único bueno de haber sido joven es que tuve que pasar por eso para llegar a esto.
Finalmente, me pregunto: Mientras mi mujer, mis amigos y yo podemos estar bailando a las 4 de la mañana en una fiesta, poniendo música, conversando, comiendo, bebiendo, pintando el mono, muriendo de la risa al inventar proyectos irrealizables, ¿dónde están los jóvenes? ¿Chateando?
8.23.2005
La Competencia

A mi mujer y a mí nos ha llegado el tan angustiante como inevitable momento que tantos padres deben enfrentar. Nuestra hija, que aún no cumple tres años, ya debe postular al colegio.
Cualquiera que haya pasado por el trance se los dirá: Es horrible. Expones a la persona que durante un par de años ha sido el centro de tu vida para que la juzguen y te digan si es apta o no. Es hasta ofensivo. Por supuesto que es apta. Cómo no va a serlo si es el más bello, bueno e inteligente ser humano que existe.
A uno no le gusta que la psicopedagogía se entrometa en la valoración de sus hijos. Creo que nos aterra esa primera confrontación entre un jucio presumiblemente profesional e imparcial y la percepción enteramente subjetiva que padres y madres tienen de sus niños. Por otro lado, no puedes evitar saber que en realidad te están juzgando a ti. Si los pendex no hablan todo lo que deberían, si no atinan a distinguir no sé qué figura de esta otra, si tienen rollos psicomotores o no saben socializar, ¿de quién es la culpa?
Los colegios también entrevistan a los padres, es cierto, pero incluso en las pruebas que dan los niños, los evaluados son siempre los adultos. Personalmente, puedo tolerar las malas evaluaciones. Me cuesta, pero puedo. Claro que otra cosa es que algo que tú hayas hecho mal perjudique a un inocente. Eso es lo que debes enfrentar al someter a tu cabro chico a un proceso de selección. Al final de todos los trámites, pruebas y entrevistas, sabrás de forma inapelable si estabas o no cagándola con la educación y estimulación de tu crío.
¿Exagero? Sí, en el sentido de que esto es con posibilidad de repechaje. Hay otros colegios y el rechazo en uno no significa que la vida de la pobre criatura que no pidió ser sometida a esta inquisición quede marcada para siempre por el fracaso. Tampoco se puede olvidar que esto de elegir colegio al cual postular es un regodeo ABC1 o aspiracional y que el grueso de la población sigue metiendo a los hijos donde pueda no más. Aplicando realismo y poniendo las cosas en contexto, no es tan terrible.
Lo duro, para mí, es otra cosa. Se me da mal el manejo en el esquema competitivo en que vivimos y que comienza a operar cuando se tienen sólo dos años y medio, como en el caso de mi hija. Ella ya entró en una secuencia de pruebas y mediciones que seguirá cada año de su educación, en su vida laboral, cuando sus propios hijos deban empezar a estudiar (¿se examinará a los fetos para seleccionarlos de acuerdo a las proyecciones de su constitución genética?).
Dicho más brevemente, aún no tienes todos los dientes y ya estás compitiendo. Puede que no haya otra opción y que en esto no nos diferenciemos de otros animales. Hay que competir por la comida y la sobrevivencia. Parece ser una ley. Podemos tener la posibilidad de darle un marco cultural a esa competencia, de hacerla más pareja y regulada, pero al fin y al cabo es una competencia. Algunos tienen que ganarla. Y otros, necesariamente, deben perderla.
Creo que todo esto sería más soportable si no sobredimensionáramos nuestra inclinación a ensalzar a los ganadores y si no rehuyeramos tanto a los perdedores. Lo más probable es que seamos ambas cosas en distintos momentos. Si la competencia es algo tan natural, intentemos que no sea tan dramática.
Comentario de mi mujer, Valeria, al leer esto: "Estás olvidando que estos procesos también apuntan a proteger a los niños, en la medida en que evitan que niños no maduros entren a sistemas a vivir frustraciones académicas y de socialización con el resto. Si una persona es sometida a hacer cosas para las que no tiene recursos sólo vas a crear y criar un niño desesperanzado, frustrado, enrabiado y perdedor". Es lo que yo llamo una comprensión cuerda y desdramatizada de la competencia.
8.12.2005
Lista de Canciones
El criterio es simple. Son canciones que me gustan, en ningún orden específico. Existe la restricción de una sola canción por intérprete.
Si buscan listas de discos, que son más útiles, visiten las que han hecho Javier y Sergio Coddou.
- Caballito Blanco, Anónimo
- My Favourite Things, Elenco de la Novicia Rebelde - Maldigo del Alto Cielo, Violeta Parra
- Desolation Row, Bob Dylan
- Trouble Every Day, Frank Zappa & The Mothers of Invention
- Suite Recoleta, Fulano (instrumental)
- Promesas sobre el Bidet, Charly García
- Love, John Lennon
- A Day in the Life, The Beatles
- Sympathy for the Devil, The Rolling Stones
- Suffer Little Children, The Smiths
- Catch, The Cure
- Behind the Wheel, Depeche Mode
- Bizarre Love Triangle, New Order
- Just My Imagination (Running Away with Me), The Temptations
- Who's Loving You?, Smokey Robinson & The Miracles
- Victims, Culture Club
- All Things Must Pass, George Harrison
- Ya No Te Espero, Silvio Rodríguez
- The Broken Heart, The Mooney Suzuki
- Stop Whispering, Radiohead
- No Distance Left to Run, Blur
- A Little Respect, Erasure
- Living for the City, Stevie Wonder
- Don't Leave Me This Way, Communards
- Hopelessly Devoted to You, Olivia Newton John
- The Death of Ferdinand De Saussure, The Magnetic Fields
- Losing Your Affection, Future Bible Heroes
- Yo No te Pido la Luna, Daniela Romo
- Este Amor Ya No Se Toca, Yuri
- Watch Your Step, Elvis Costello
- Muchacha Ojos de Papel, Almendra
- Tatuaje Falso, Fito Páez
- Cantata de Puentes Amarillos, Pescado Rabioso
- Crying, Roy Orbison
- Et Maintenant, Gilbert Bécaud
- Words of Love, Buddy Holly
- Deadbeat Club, The B-52's
- Nightswimming, R.E.M.
- I Melt with You, Modern English
- If I Should Fall from Grace with God, The Pogues
- Final Caja Negra, Soda Stereo
- Universo, Entre Ríos
- Agua, Miranda!
- Sampa, Caetano Veloso
- Detalles, Roberto Carlos
- Landslide, Fleetwood Mac
8.02.2005
Ser Ateo
No recuerdo cuándo dejé de creer en Dios. Igual sigo escribiéndolo con mayúscula. Es un nombre propio y los nombres propios se escriben así, aunque sean de ficción, como Superman o el Viejo Pascuero.
Digamos en realidad que elegí no creer en Dios. Invertí la famosa apuesta de Pascal, que puede resumirse como "entre creer y no creer, mejor creer". Pascal pensaba que ante dos opciones con igual probabilidad de ocurrencia, era mejor apostar por la más conveniente. Entre ponerle y no ponerle, Pascal le ponía.
En esta materia específica, yo prefiero no ponerle. Opto por apostar que Dios no existe. Al ponerlo así, "apostar que Dios no existe", asumo que tanto su existencia como su inexistencia no se pueden demostrar. No creer es tan ilógico como creer. Se trata de inclinaciones que pueden ser emocionales, intelectuales, estéticas o, vaya uno a saber, hasta genéticas. Por cierto, también pueden ser imposiciones de la familia o de la sociedad.
Creer y no creer coinciden en ser opciones o imposiciones surgidas de un supuesto inicial que no es verificable empíricamente, pero son muy diferentes en todo lo demás. De partida, al no creer se reconoce que la muerte es el fin de la historia para cada quien. Después, nada de paraíso ni de infierno. Nada de reencarnación. Nada de nada. La Nada. También la escribo con mayúscula, no sé por qué.
Al ser ateo, no concibo la vida como la antesala curricular de una recompensa o un castigo ultraterrenos. Si uno es bueno, es bueno porque sí. Los actos y las personas adquieren valor por sí mismos, no como un medio por el cual acercarse a o alejarse de Dios. Creo que los ateos nos paramos en el mundo y vemos en él, en los seres vivos y la naturaleza, más fines que medios.
Otra gracia del ateísmo para mí es que, sin la creencia en una divinidad o un más allá, no hay razón para creer en el pecado ni en la culpa asociada a cometerlo. Lo asombroso es que sin pecado ni culpa, sin temor a un castigo después de morir, las cosas podrían ser peores de lo que son. No habría razón alguna para que existiese la bondad, la solidaridad, la lealtad, el heroísmo e incluso el no meterse con nadie ni andar hinchando las pelotas de los demás, cualquier cosa que beneficie a otros y cuya omisión no esté penada por la ley. Porque pecado no habrá, pero delitos sí.
Sin embargo, como ateo creo en algo que explica que la paz, la libertad, la igualdad, el respeto a los derechos de todos y otras ideas civilizadas existan como posibilidad. No es que esas cosas imperen siempre. De hecho, es más bien lo contrario. Pero no por eso son inconcebibles. Pienso que nadie perdería el tiempo en la persecución de esos ideales si no albergara la creencia en la Humanidad. Sí, otra mayúscula.
Aquí también se trata de creer, porque nadie puede tener una experiencia directa de la Humanidad, que implica, por lo bajo, a los seres humanos que existen, que existieron y que existirán, a sus obras, sus historias y el tipo de mundo en que vivieron. Yo me inclino a incluir también a los otros animales y a la naturaleza, por lo que tal vez haría falta otra palabra para escribir con mayúscula. Pero por ahora dejaré esa búsqueda pendiente.
Creer en la Humanidad es creer en que nuestros actos repercuten en otros, para bien o para mal. Para mí, esa creencia es la que permite pensar, por ejemplo, que es posible un mundo mejor tanto para nosotros como para los que vendrán después. Si no creyera en la Humanidad, nada me podría importar menos.
Para algunos ateos como yo, entonces, hay algo que trasciende nuestra existencia como individuos aislados. Esa trascendencia es distinta a la de Dios. Sólo sabemos que la podemos concebir, pero no experimentar. Con eso nos basta.
¿Se entiende?
(Nota: Esta es la segunda versión de un post anterior, que desapareció misteriosamente del blog. ¿Castigo divino?)
7.25.2005
7.18.2005
Elogio de la Cordura
De un tiempo a esta parte, hemos vivido un proceso de revaloración de las emociones. La racionalidad tiene cada vez peor prensa. Se aprecia que alguien tenga la capacidad de "conectarse con sus emociones". Se critica a las personas demasiado racionales. La relevancia que se la da a las emociones en nuestra época se advierte en que se haya logrado instalar en el lenguaje cotidiano la idea de una inteligencia emocional, lo que implica suponer que hay habilidades relativas a las emociones que se pueden medir y comparar entre una persona y otra.
En mi experiencia personal, durante más de una década trabajando en medios de comunicación he podido advertir cómo el componente emocional ha robado terreno al análisis, a la verificación a partir de hechos, al rigor informativo. Figuras mediáticas como el Rumpy y Bonvallet, proyectos como The Clinic, no surgieron por nada en los noventa. Ellos y otros respondieron a demandas insatisfechas de identificación emocional. En general, su aceptación no dependía ni depende de la veracidad o coherencia de sus mensajes, sino de su estilo, su originalidad, su audacia.
Creo que un país se descartucha así, de una forma irracional, catártica. Una vez más: Miles de personas en pelotas en medio del frío de una mañana de invierno, a la misma hora en que se juega la final de un mundial de fútbol, es algo que no tiene lógica. Pero no deja de tener sentido. Sobre todo si se toma en cuenta la historia de represión y límites a la libertad de expresión que precedió a esa ruptura.
El peligro está en que la catarsis se lleve todo a su paso. Que el carnaval de emociones nos nuble el entendimiento, como se dice. Que no nos demos tiempo para reflexionar y sopesar las cosas. Que le creamos todo a Gemita Bueno porque nos convence emocionalmente. Que el entusiasmo con la caridad y la solidaridad nos ciegue ante las injusticias. Que sigamos reproduciendo lugares comunes y creencias sin motivo.
Para dar un ejemplo, suelo escuchar un discurso emocional anti santiaguino. Que la contaminación, que las micros, que la delincuencia. Pero consideradas las cosas desde un punto de vista racional, hay menos contaminación que antes (menos preemergencias al año), las micros, por muy deplorables, contaminan menos que los autos por cada pasajero que transportan, y Santiago resulta una ciudad estadísticamente segura. El debate entre empresas y ecologistas también parece enturbiado por una animadversión emocional entre los actores en pugna. Es como una pelea entre el apego emocional por la plata y el apego emocional por la naturaleza.
Es cierto que es muy importante dar curso a las emociones. Ellas permiten expresar nuestras rabias y nuestros sentimientos de amor. Nuestros miedos y nuestros gustos. Y es bueno externalizar todo eso. Pero la razón y la cordura permiten recomponer las cosas luego de un enojo. La razón barre con los prejuicios y la intolerancia cuando el miedo a los otos amenaza con imponerse. Las decisiones racionales aumentan la calidad de vida en las ciudades. La razón convierte una pasión coyuntural en una relación amorosa que puede proyectarse en el tiempo.
Sin la razón, podemos olvidarnos de los otros y minar el campo donde se manifiestan nuestras emociones. Por eso, me emociona la razón.
7.06.2005
Las Macabras Fiestas de los Ochenta
Antes de continuar, debo decir que, en general, no me gustan Los Miserables. Lamentablemente, en 1994 me tocó escribir una reseña de uno de sus discos en la revista Rock & Pop y tuve que poner lo que pensaba. Lo terrible es que los comentarios iban acompañados de una nota al disco, del 1 al 7. Qué horror. Después de eso, me gané algún tipo de declaración ofensiva de la banda en alguna actuación. Bueno, estaban en su derecho.
Este disco me gustó más que aquel sobre el que escribí entonces. Es potente, está bien tocado y tiene mucho sentimiento. Pero no es de eso que quiero escribir ahora. Es otra cosa la que llamó mi atención.
Por su repertorio, el disco de Los Miserables es un viaje de regreso a los ochenta. Pero no sólo por eso. Entre canción y canción se escuchan registros históricos, archivos con las voces de Tucapel Jiménez, Pierre Dubois, Estela Ortiz, Francisco Javier Cuadra. Esas ventanas de audio al pasado son algo escalofriante.
Resulta macabro escuchar los gritos de dolor de Estela Ortiz luego del degüello a manos de carabineros de su marido, José Manuel Parada, al lado del tono monocorde, parsimonioso e indolente con que el entonces secretario general de gobierno, Francisco Javier Cuadra, anuncia el hallazago de los cadáveres de Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino, todos víctimas de los mismos "guardianes del orden".
Descoloca la calma de Tucapel Jiménez en un discurso donde prevé su asesinato. Estremece el breve relato con que el sacerdote Pierre Dubois, con una voz a punto de ceder ante el llanto, evoca el momento en encontró muerto a su amigo y también sacerdote André Jarlan, quien había recibido el impacto de una bala disparada para reprimir una protesta.
Escuchaba y pensaba: "esas fueron las fiestas de los ochenta, las verdaderas y macabras fiestas de los ochenta, un festín de sangre, crímenes y mentiras oficiales". Pensé en las absurdas y vacías fiestas de los ochenta de hoy, en los comerciales que usan hits de la época para atraer al segmento de los treintañeros, en los medios de comunicación que explotan esa nostalgia, incluido el mismo en que trabajo yo. Sentí repulsión.
Claro, es tonto pretender que sólo recordemos lo macabro de entonces. Después de todo, y como siempre, la vida seguía para los que quedaban vivos. Aquellas cosas superficiales que hoy son objeto de nostalgia pasaron y muchos las disfrutamos, pantalones amasados incluidos. Bailamos canciones tontas y nos obsesionamos más allá de toda lógica con las marcas que empezaban a penetrar el mercado local. Todo eso también es cierto.
Pero ya no puedo disociar las dos caras de la década. Cualquiera de las dos me recuerda la otra. Y no hay nada que hacer. Para muchos de nosotros, los ochenta resultan tan macabros como entrañables. Habrá que vivir con esa contradicción.
Después de todo, es una contradición menor al lado de la que descubrí después, siguiendo con estas cavilaciones: El mayor bienestar de nuestro país, nuestra estabilidad institucional, las mayores posibilidades de consumo, el crecimiento económico, las nuevas autopistas, los edificios, los pasillos de los malls, tienen como cimientos la sangre y los crímenes de ese entonces.
Para que nosotros los disfrutáramos, o nos diéramos el lujo de disfrutar criticándolos, otros inocentes tuvieron que morir.
6.22.2005
Valeria
Me parecía demasiado. Una ofensa a su belleza.
Compartimos la misma butaca en un cine. Y aún así no me atreví a besarla.
Gracias, mi amor, por obligarme a perder el miedo.
Gracias por poder seguir besándote hoy.
Feliz cumpleaños.
Te amo.
6.17.2005
Tres Coincidencias
2.- Miércoles pasado: Terminamos el programa de Blanca Lewin con una parte de Cuadros de Una Exposición. Es el tema final, que se llama La Gran Puerta de Kiev. No me mata particularmente, y la versión de Emerson Lake & Palmer no ha contribuido a que la aprecie más, pero me pareció divertido un cierre con esas fanfarrias pomposas. Además, eran una buena banda sonora para largarme en caso de que me hubiesen despedido por la elección. Cuadros de una Exposición fue compuesta por Modest Mussorgsky en 1874 y orquestada por Maurice Ravel en 1922. La versión que tocamos era de la Orquesta Sinfónica de Chicago. El director era Carlo Maria Giulini. La mañana siguiente leí en el diario que Giulini había muerto el mismo día que una radio de música pop tocaba una de sus grabaciones.
3.- Navidad de 1977: Tenía cinco años. Esa noche había recibido mi primera bicicleta, una CIC de paseo, azul. Me fui a la cama contento. Con mi hermano menor compartíamos una pieza espaciosa y alta, de casa antigua, cada uno en una cama. Mi mamá, por esa noche, dormía con él. En medio de las cabeceras, colgaba de la pared un retrato de Charles Chaplin. En la madrugada, se cayó al suelo. El golpe fuerte y seco contra el piso de tablas nos despertó a los tres. Mi mamá emitió un pequeño y algo ahogado grito de asombro: "Se murió Chaplin", dijo. La radio lo confirmaba en la mañana. Durante esa madrugada de Navidad, decían las noticias, había muerto en Ginebra, Suiza, el actor, director y genio del cine mudo Charles Chaplin .
6.13.2005
Maridos Laboriosos o la Igualdad de Género que No Queremos
El fin de semana, los Fortuño Peña (Valeria, Matilde y yo), pasamos una muy buena tarde en casa de unos amigos. Estaban nuestra pareja anfitriona, su hija de un año y medio, otra pareja y su hija de tan solo un mes. También estaba el púber hijo mayor del dueño de casa, claro que él era más bien una aparición espectral que rondaba cada cierto tiempo la cocina preguntando si ya estaba listo el almuerzo, aunque nadie más tenía prisa (lo lamento por el clamor de ese estómago joven, pero no hay nada más absurdo que el stress de fin de semana).
Pensé en esa tarde parte después de una conversación que tuve en la radio con Natalia y Javier. A raíz de un posteo de Natalia donde recordaba las viejas columnas de Isabel Allende en la revista Paula, hablábamos de cómo ese troglodita masculino del que se mofaba Allende parecía una especie en camino a la extinción.
Recordé que los otros dos hombres del almuerzo del fin de semana pasan mucho tiempo en la casa. Más que sus mujeres, que trabajaban fuera. Ellos me hablaron sobre el cuidado y poda de las parras, de lo bueno que es poner a secar los sarmientos que se podan, porque sirven como muy buena leña para paella. Me contaran de los gargales, unos hongos comestibles muy grandes que crecen en los álamos.
Estos eran hombres ciertamente sensibles, pero también prácticos, que saben hacer las compras, disponer qué se come en la casa, que pagan las cuentas y se ocupan de los hijos. Hombres domésticos, en las antípodas del troglodita que Isabel Allende ridiculizaba en los setenta.
La mujer de nuestro anfitrión y la del otro invitado se aparecían casi nada por la cocina, gobernada por mano masculina. La Valeria claro que estaba ahí, porque ella cultiva la cocina como arte más que como oligación de género. Mientras, yo estaba pendiente de mi hija, ejerciendo un rol que también ha sido históricamente femenino.
Pasaba lo que en muchas partes. En la casa, la frontera entre las labores masculinas y femeninas se está haciendo cada vez más difusa. En algunos casos, como el de mi anfitrión, se ha invertido. Lo primero que he notado sobre esto es que, cuando se trata de una opción, de un estilo de vida, de necesidades laborales y no por cesantía, quedarse en casa es mucho más placentero para los hombres que para las mujeres. Para ellas, comprensiblemente, puede haber cierta humillación en los menesteres de la casa. Su rollo es salir al mundo, superarse, competir, surgir profesionalmente. Un empeño de nuestro género que no ha llevado a la humanidad a ninguna parte.
La paridad entre hombres y mujeres es un tema que yo creo que no se puede separar de la relación entre nuestra vida familiar y nuestro trabajo. La igualdad entre los sexos no es un avance en sí misma. Nada impide que se mantenga la división de roles, que siga habiendo uno más enfocado en la pega y otro, en la casa. Puede que la creciente asimilación de hombres y mujeres vuelva irrelevante si cada papel cae en la figura materna o la paterna, en un hombre o una mujer, en un heterosexual o un homosexual. Pero igual puede quedar intacta la diferencia entre el principal proveedor de una familia, o sea el que trabaja y gana más, y el encargado del cuidado, el afecto, la nutrición, la contención.
Esto de la igualdad también puede provocar que ambas partes de la pareja funcionen como proveedores, que los dos esten más enfocados en el trabajo que en la vida doméstica. Esto es muy probable cuando la competencia al estilo masculino parece cada vez más apreciada por las mujeres. En una pareja así, mientras sus pegas mejoran, su casa pasaría siempre al borde del colapso: refrigeradores vacíos (hay plata, pero no tiempo para gastarla), cañerías abandonadas, montañas de ropa sucia, cuentas atrasadas, jardines convertidos en selva virgen.
En ambos casos, inversión de los roles o dos proveedores, estaríamos tan mal como antes. Me gustaría una vida en que una pareja pueda privilegiar su vida doméstica por sobre su vida laboral, al mismo tiempo que comparta y alterne roles equitativamente. No me basta con una candidata presidencial o una mujer en la Corte Suprema, esa es la igualdad de género que falta.
6.09.2005
El Odio Es Más Fuerte: Más Cosas Que Me Disgustan
Política: El alegato de que Insulza debió haber sido el candidato de la Concertación, porque detrás de él huelo machismo y elitismo, además de inseguridad y miedo ante el tipo de liderazgo de Bachelet. La gente que dice que "la cosa se puso entretenida" con la irrupción de Piñera en la carrera presidencial, como si la política estuviera para entrener a estos perlas. Seguro que lo pasarían bomba en Bolivia. Prefiero un país con elecciones fomes como Suiza.
Vialidad: La inexistencia de una ciclovía que cubra todo el trayecto entre mi casa y mi pega.
Puericultura: El dirigismo cultural con los cabros chicos. Creer que les favorece no ver tele, comer cochinadas, tomar Coca Cola, jugar con Barbies o monos violentos. No estoy a favor de esas cosas. Pero no puedo estar en contra, imponiendo juicios ideológicos a los niños. Que ellos se formen los propios. Bueno, pienso específicamente en mi hija (en la foto de abajo). Así que si alguien le quiere regalar una Barbie, no tengo drama. Sobre todo porque lo más probable es que yo no lo haga.