8.31.2005

Yo No Quiero Ser Joven


Tema de conversación de domingo en la cama por la noche junto a la bella Valeria, viendo Music Video Awards de MTV.

"¿Qué es esto?", nos preguntábamos consternados ante tanto hip hopero chulo en vaselina y a dos mil dólares cada percha. Yo añoraba los años del hip hop bien tuja, tipo Run DMC, Kurtis Blow, Public Enemy, incluso.

Hablábamos de ser joven. De si realmente había gente joven que disfrutaba ese anzuelo disfrazado de música lanzado por Tommy Hilfiger o algo peor. Y de si nosotros éramos jóvenes o no.

Yo lo tengo claro: no lo soy. Pago dividendo, soy padre, pago Isapre, impongo en una AFP. Sólo me falta el APV, pero espero tener pronto noticias al respecto. La vida ya no es para mí un campo de infinitas posibilidades abiertas hacia el futuro. Mis actos están en gran parte limitados y determinados por mis responsabilidades. No se puede ser joven si llegar a fin de mes figura alto en tus prioridades.

Por otra parte, ¿hasta cuándo vamos a estirar la cuerda de la juventud? ¿Hasta los 40? Por favor, ¿me van a decir que alguien que debería estarse chequeando la próstata sigue siendo joven? Aún así, seguimos escuchando hablar de "jóvenes" de más de 30 e incluso más de 40.

El lugar común reza que siempre se puede ser joven de espíritu. Eso me huele más que nada a un consuelo ante el paso del tiempo y el deterioro físico y mental. A nadie le importa ser joven de espíritu. Si realmente importara, los cirujanos plásticos no se forrarían como lo hacen. A propósito, hay mucha gente cuya vejez se adivina por lo jóvenes que han quedado luego de sucesivas aplicaciones cutáneas y subcutáneas del bisturí y el rayo láser.

Reconozco ser vanidoso. Que hago ejercicios más por eso que por la salud. Eso me convierte precisamente en un viejo. En alguien que está envejeciendo, al menos. Me alegro. No lo pasé bien siendo joven. Empecé a disfrutar las cosas cuando ya empezaba a ser adulto, a los 21, terminando la universidad y comenzando a trabajar. Así que no añoro esos años jóvenes de culto al malditismo, a la pose, al físico, a la onda. Yo no encajaba ahí. Lo único bueno de haber sido joven es que tuve que pasar por eso para llegar a esto.

Finalmente, me pregunto: Mientras mi mujer, mis amigos y yo podemos estar bailando a las 4 de la mañana en una fiesta, poniendo música, conversando, comiendo, bebiendo, pintando el mono, muriendo de la risa al inventar proyectos irrealizables, ¿dónde están los jóvenes? ¿Chateando?

8.23.2005

La Competencia


A mi mujer y a mí nos ha llegado el tan angustiante como inevitable momento que tantos padres deben enfrentar. Nuestra hija, que aún no cumple tres años, ya debe postular al colegio.

Cualquiera que haya pasado por el trance se los dirá: Es horrible. Expones a la persona que durante un par de años ha sido el centro de tu vida para que la juzguen y te digan si es apta o no. Es hasta ofensivo. Por supuesto que es apta. Cómo no va a serlo si es el más bello, bueno e inteligente ser humano que existe.

A uno no le gusta que la psicopedagogía se entrometa en la valoración de sus hijos. Creo que nos aterra esa primera confrontación entre un jucio presumiblemente profesional e imparcial y la percepción enteramente subjetiva que padres y madres tienen de sus niños. Por otro lado, no puedes evitar saber que en realidad te están juzgando a ti. Si los pendex no hablan todo lo que deberían, si no atinan a distinguir no sé qué figura de esta otra, si tienen rollos psicomotores o no saben socializar, ¿de quién es la culpa?

Los colegios también entrevistan a los padres, es cierto, pero incluso en las pruebas que dan los niños, los evaluados son siempre los adultos. Personalmente, puedo tolerar las malas evaluaciones. Me cuesta, pero puedo. Claro que otra cosa es que algo que tú hayas hecho mal perjudique a un inocente. Eso es lo que debes enfrentar al someter a tu cabro chico a un proceso de selección. Al final de todos los trámites, pruebas y entrevistas, sabrás de forma inapelable si estabas o no cagándola con la educación y estimulación de tu crío.

¿Exagero? Sí, en el sentido de que esto es con posibilidad de repechaje. Hay otros colegios y el rechazo en uno no significa que la vida de la pobre criatura que no pidió ser sometida a esta inquisición quede marcada para siempre por el fracaso. Tampoco se puede olvidar que esto de elegir colegio al cual postular es un regodeo ABC1 o aspiracional y que el grueso de la población sigue metiendo a los hijos donde pueda no más. Aplicando realismo y poniendo las cosas en contexto, no es tan terrible.

Lo duro, para mí, es otra cosa. Se me da mal el manejo en el esquema competitivo en que vivimos y que comienza a operar cuando se tienen sólo dos años y medio, como en el caso de mi hija. Ella ya entró en una secuencia de pruebas y mediciones que seguirá cada año de su educación, en su vida laboral, cuando sus propios hijos deban empezar a estudiar (¿se examinará a los fetos para seleccionarlos de acuerdo a las proyecciones de su constitución genética?).

Dicho más brevemente, aún no tienes todos los dientes y ya estás compitiendo. Puede que no haya otra opción y que en esto no nos diferenciemos de otros animales. Hay que competir por la comida y la sobrevivencia. Parece ser una ley. Podemos tener la posibilidad de darle un marco cultural a esa competencia, de hacerla más pareja y regulada, pero al fin y al cabo es una competencia. Algunos tienen que ganarla. Y otros, necesariamente, deben perderla.

Creo que todo esto sería más soportable si no sobredimensionáramos nuestra inclinación a ensalzar a los ganadores y si no rehuyeramos tanto a los perdedores. Lo más probable es que seamos ambas cosas en distintos momentos. Si la competencia es algo tan natural, intentemos que no sea tan dramática.

Comentario de mi mujer, Valeria, al leer esto: "Estás olvidando que estos procesos también apuntan a proteger a los niños, en la medida en que evitan que niños no maduros entren a sistemas a vivir frustraciones académicas y de socialización con el resto. Si una persona es sometida a hacer cosas para las que no tiene recursos sólo vas a crear y criar un niño desesperanzado, frustrado, enrabiado y perdedor". Es lo que yo llamo una comprensión cuerda y desdramatizada de la competencia.

8.12.2005

Lista de Canciones

Una lista de canciones mientras ordeno ideas para un nuevo ensayo breve (creo que ese es el género al cual dedicaré mayormente este blog, por dos razones: nadie me publicaría esos textos y, como todo lo que me gusta, no me llevará a ninguna parte).
El criterio es simple. Son canciones que me gustan, en ningún orden específico. Existe la restricción de una sola canción por intérprete.
Si buscan listas de discos, que son más útiles, visiten las que han hecho Javier y Sergio Coddou.

- Caballito Blanco, Anónimo
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My Favourite Things, Elenco de la Novicia Rebelde - Maldigo del Alto Cielo, Violeta Parra
- Desolation Row,
Bob Dylan
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Trouble Every Day, Frank Zappa & The Mothers of Invention
- Suite Recoleta, Fulano (instrumental)
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Promesas sobre el Bidet, Charly García
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Love, John Lennon
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A Day in the Life, The Beatles
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Sympathy for the Devil, The Rolling Stones
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Suffer Little Children, The Smiths
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Catch, The Cure
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Behind the Wheel, Depeche Mode
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Bizarre Love Triangle, New Order
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Just My Imagination (Running Away with Me), The Temptations
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Who's Loving You?, Smokey Robinson & The Miracles
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Victims, Culture Club
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All Things Must Pass, George Harrison
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Ya No Te Espero, Silvio Rodríguez
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The Broken Heart, The Mooney Suzuki
- Stop Whispering, Radiohead
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No Distance Left to Run, Blur
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A Little Respect, Erasure
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Living for the City, Stevie Wonder
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Don't Leave Me This Way, Communards
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Hopelessly Devoted to You, Olivia Newton John
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The Death of Ferdinand De Saussure, The Magnetic Fields
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Losing Your Affection, Future Bible Heroes
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Yo No te Pido la Luna, Daniela Romo
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Este Amor Ya No Se Toca, Yuri
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Watch Your Step, Elvis Costello
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Muchacha Ojos de Papel, Almendra
- Tatuaje Falso, Fito Páez
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Cantata de Puentes Amarillos, Pescado Rabioso
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Crying, Roy Orbison
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Et Maintenant, Gilbert Bécaud
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Words of Love, Buddy Holly
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Deadbeat Club, The B-52's
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Nightswimming, R.E.M.
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I Melt with You, Modern English
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If I Should Fall from Grace with God, The Pogues
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Final Caja Negra, Soda Stereo
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Universo, Entre Ríos
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Agua, Miranda!
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Sampa, Caetano Veloso
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Detalles, Roberto Carlos
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Landslide, Fleetwood Mac


8.02.2005

Ser Ateo


No recuerdo cuándo dejé de creer en Dios. Igual sigo escribiéndolo con mayúscula. Es un nombre propio y los nombres propios se escriben así, aunque sean de ficción, como Superman o el Viejo Pascuero.

Digamos en realidad que elegí no creer en Dios. Invertí la famosa apuesta de Pascal, que puede resumirse como "entre creer y no creer, mejor creer". Pascal pensaba que ante dos opciones con igual probabilidad de ocurrencia, era mejor apostar por la más conveniente. Entre ponerle y no ponerle, Pascal le ponía.

En esta materia específica, yo prefiero no ponerle. Opto por apostar que Dios no existe. Al ponerlo así, "apostar que Dios no existe", asumo que tanto su existencia como su inexistencia no se pueden demostrar. No creer es tan ilógico como creer. Se trata de inclinaciones que pueden ser emocionales, intelectuales, estéticas o, vaya uno a saber, hasta genéticas. Por cierto, también pueden ser imposiciones de la familia o de la sociedad.

Creer y no creer coinciden en ser opciones o imposiciones surgidas de un supuesto inicial que no es verificable empíricamente, pero son muy diferentes en todo lo demás. De partida, al no creer se reconoce que la muerte es el fin de la historia para cada quien. Después, nada de paraíso ni de infierno. Nada de reencarnación. Nada de nada. La Nada. También la escribo con mayúscula, no sé por qué.

Al ser ateo, no concibo la vida como la antesala curricular de una recompensa o un castigo ultraterrenos. Si uno es bueno, es bueno porque sí. Los actos y las personas adquieren valor por sí mismos, no como un medio por el cual acercarse a o alejarse de Dios. Creo que los ateos nos paramos en el mundo y vemos en él, en los seres vivos y la naturaleza, más fines que medios.

Otra gracia del ateísmo para mí es que, sin la creencia en una divinidad o un más allá, no hay razón para creer en el pecado ni en la culpa asociada a cometerlo. Lo asombroso es que sin pecado ni culpa, sin temor a un castigo después de morir, las cosas podrían ser peores de lo que son. No habría razón alguna para que existiese la bondad, la solidaridad, la lealtad, el heroísmo e incluso el no meterse con nadie ni andar hinchando las pelotas de los demás, cualquier cosa que beneficie a otros y cuya omisión no esté penada por la ley. Porque pecado no habrá, pero delitos sí.

Sin embargo, como ateo creo en algo que explica que la paz, la libertad, la igualdad, el respeto a los derechos de todos y otras ideas civilizadas existan como posibilidad. No es que esas cosas imperen siempre. De hecho, es más bien lo contrario. Pero no por eso son inconcebibles. Pienso que nadie perdería el tiempo en la persecución de esos ideales si no albergara la creencia en la Humanidad. Sí, otra mayúscula.

Aquí también se trata de creer, porque nadie puede tener una experiencia directa de la Humanidad, que implica, por lo bajo, a los seres humanos que existen, que existieron y que existirán, a sus obras, sus historias y el tipo de mundo en que vivieron. Yo me inclino a incluir también a los otros animales y a la naturaleza, por lo que tal vez haría falta otra palabra para escribir con mayúscula. Pero por ahora dejaré esa búsqueda pendiente.

Creer en la Humanidad es creer en que nuestros actos repercuten en otros, para bien o para mal. Para mí, esa creencia es la que permite pensar, por ejemplo, que es posible un mundo mejor tanto para nosotros como para los que vendrán después. Si no creyera en la Humanidad, nada me podría importar menos.

Para algunos ateos como yo, entonces, hay algo que trasciende nuestra existencia como individuos aislados. Esa trascendencia es distinta a la de Dios. Sólo sabemos que la podemos concebir, pero no experimentar. Con eso nos basta.

¿Se entiende?

(Nota: Esta es la segunda versión de un post anterior, que desapareció misteriosamente del blog. ¿Castigo divino?)

7.18.2005

Elogio de la Cordura


De un tiempo a esta parte, hemos vivido un proceso de revaloración de las emociones. La racionalidad tiene cada vez peor prensa. Se aprecia que alguien tenga la capacidad de "conectarse con sus emociones". Se critica a las personas demasiado racionales. La relevancia que se la da a las emociones en nuestra época se advierte en que se haya logrado instalar en el lenguaje cotidiano la idea de una inteligencia emocional, lo que implica suponer que hay habilidades relativas a las emociones que se pueden medir y comparar entre una persona y otra.

En mi experiencia personal, durante más de una década trabajando en medios de comunicación he podido advertir cómo el componente emocional ha robado terreno al análisis, a la verificación a partir de hechos, al rigor informativo. Figuras mediáticas como el Rumpy y Bonvallet, proyectos como The Clinic, no surgieron por nada en los noventa. Ellos y otros respondieron a demandas insatisfechas de identificación emocional. En general, su aceptación no dependía ni depende de la veracidad o coherencia de sus mensajes, sino de su estilo, su originalidad, su audacia.

Creo que un país se descartucha así, de una forma irracional, catártica. Una vez más: Miles de personas en pelotas en medio del frío de una mañana de invierno, a la misma hora en que se juega la final de un mundial de fútbol, es algo que no tiene lógica. Pero no deja de tener sentido. Sobre todo si se toma en cuenta la historia de represión y límites a la libertad de expresión que precedió a esa ruptura.

El peligro está en que la catarsis se lleve todo a su paso. Que el carnaval de emociones nos nuble el entendimiento, como se dice. Que no nos demos tiempo para reflexionar y sopesar las cosas. Que le creamos todo a Gemita Bueno porque nos convence emocionalmente. Que el entusiasmo con la caridad y la solidaridad nos ciegue ante las injusticias. Que sigamos reproduciendo lugares comunes y creencias sin motivo.

Para dar un ejemplo, suelo escuchar un discurso emocional anti santiaguino. Que la contaminación, que las micros, que la delincuencia. Pero consideradas las cosas desde un punto de vista racional, hay menos contaminación que antes (menos preemergencias al año), las micros, por muy deplorables, contaminan menos que los autos por cada pasajero que transportan, y Santiago resulta una ciudad estadísticamente segura. El debate entre empresas y ecologistas también parece enturbiado por una animadversión emocional entre los actores en pugna. Es como una pelea entre el apego emocional por la plata y el apego emocional por la naturaleza.

Es cierto que es muy importante dar curso a las emociones. Ellas permiten expresar nuestras rabias y nuestros sentimientos de amor. Nuestros miedos y nuestros gustos. Y es bueno externalizar todo eso. Pero la razón y la cordura permiten recomponer las cosas luego de un enojo. La razón barre con los prejuicios y la intolerancia cuando el miedo a los otos amenaza con imponerse. Las decisiones racionales aumentan la calidad de vida en las ciudades. La razón convierte una pasión coyuntural en una relación amorosa que puede proyectarse en el tiempo.

Sin la razón, podemos olvidarnos de los otros y minar el campo donde se manifiestan nuestras emociones. Por eso, me emociona la razón.

7.06.2005

Las Macabras Fiestas de los Ochenta

Días atrás, uno de mis cuñados llevó a mi casa el nuevo disco de Los Miserables, La Voz del Pueblo. Es un colección de música chilena de protesta en estilo punk. Hay versiones para temas de Santiago del Nuevo Extremo, Sol y Lluvia, Illapu, Víctor Jara, Violeta Parra y otros.

Antes de continuar, debo decir que, en general, no me gustan Los Miserables. Lamentablemente, en 1994 me tocó escribir una reseña de uno de sus discos en la revista Rock & Pop y tuve que poner lo que pensaba. Lo terrible es que los comentarios iban acompañados de una nota al disco, del 1 al 7. Qué horror. Después de eso, me gané algún tipo de declaración ofensiva de la banda en alguna actuación. Bueno, estaban en su derecho.

Este disco me gustó más que aquel sobre el que escribí entonces. Es potente, está bien tocado y tiene mucho sentimiento. Pero no es de eso que quiero escribir ahora. Es otra cosa la que llamó mi atención.

Por su repertorio, el disco de Los Miserables es un viaje de regreso a los ochenta. Pero no sólo por eso. Entre canción y canción se escuchan registros históricos, archivos con las voces de Tucapel Jiménez, Pierre Dubois, Estela Ortiz, Francisco Javier Cuadra. Esas ventanas de audio al pasado son algo escalofriante.

Resulta macabro escuchar los gritos de dolor de Estela Ortiz luego del degüello a manos de carabineros de su marido, José Manuel Parada, al lado del tono monocorde, parsimonioso e indolente con que el entonces secretario general de gobierno, Francisco Javier Cuadra, anuncia el hallazago de los cadáveres de Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino, todos víctimas de los mismos "guardianes del orden".

Descoloca la calma de Tucapel Jiménez en un discurso donde prevé su asesinato. Estremece el breve relato con que el sacerdote Pierre Dubois, con una voz a punto de ceder ante el llanto, evoca el momento en encontró muerto a su amigo y también sacerdote André Jarlan, quien había recibido el impacto de una bala disparada para reprimir una protesta.

Escuchaba y pensaba: "esas fueron las fiestas de los ochenta, las verdaderas y macabras fiestas de los ochenta, un festín de sangre, crímenes y mentiras oficiales". Pensé en las absurdas y vacías fiestas de los ochenta de hoy, en los comerciales que usan hits de la época para atraer al segmento de los treintañeros, en los medios de comunicación que explotan esa nostalgia, incluido el mismo en que trabajo yo. Sentí repulsión.

Claro, es tonto pretender que sólo recordemos lo macabro de entonces. Después de todo, y como siempre, la vida seguía para los que quedaban vivos. Aquellas cosas superficiales que hoy son objeto de nostalgia pasaron y muchos las disfrutamos, pantalones amasados incluidos. Bailamos canciones tontas y nos obsesionamos más allá de toda lógica con las marcas que empezaban a penetrar el mercado local. Todo eso también es cierto.

Pero ya no puedo disociar las dos caras de la década. Cualquiera de las dos me recuerda la otra. Y no hay nada que hacer. Para muchos de nosotros, los ochenta resultan tan macabros como entrañables. Habrá que vivir con esa contradicción.

Después de todo, es una contradición menor al lado de la que descubrí después, siguiendo con estas cavilaciones: El mayor bienestar de nuestro país, nuestra estabilidad institucional, las mayores posibilidades de consumo, el crecimiento económico, las nuevas autopistas, los edificios, los pasillos de los malls, tienen como cimientos la sangre y los crímenes de ese entonces.

Para que nosotros los disfrutáramos, o nos diéramos el lujo de disfrutar criticándolos, otros inocentes tuvieron que morir.

6.22.2005

Valeria

La conocí en junio de 1993. Hacía frío. No me atreví a besarla.
Me parecía demasiado. Una ofensa a su belleza.
Compartimos la misma butaca en un cine. Y aún así no me atreví a besarla.
Gracias, mi amor, por obligarme a perder el miedo.
Gracias por poder seguir besándote hoy.
Feliz cumpleaños.
Te amo.

6.17.2005

Tres Coincidencias

1.- Lunes pasado: Cristián Warnken entrevista a Jaime Collyer en Concierto Enfoque, a raíz de su nuevo libro de cuentos, La Voz del Amo. Semanas antes, para que Warnken lo leyera, yo había tomado cualquiera de los varios ejemplares que habían llegado a la radio con una dedicatoria genérica escrita por el autor ("a un lector desconocido..." o algo así) . Después de la entrevista, Cristián me devuelve el libro. Yo le digo que se lo quede, que no se preocupe. "pero está autografiado para ti", me contesta. Collyer asiente. Abro el libro, una copia tomada al azar entre varias y que yo había leído durante algunos días, y veo por primera vez, debajo del mes y el año, Mayo 2005 (ya estábamos en junio): "Para Sergio Fortuño, esta voz distinta a las voces radiales, con el afecto del autor".

2.- Miércoles pasado: Terminamos el programa de Blanca Lewin con una parte de Cuadros de Una Exposición. Es el tema final, que se llama La Gran Puerta de Kiev. No me mata particularmente, y la versión de Emerson Lake & Palmer no ha contribuido a que la aprecie más, pero me pareció divertido un cierre con esas fanfarrias pomposas. Además, eran una buena banda sonora para largarme en caso de que me hubiesen despedido por la elección. Cuadros de una Exposición fue compuesta por Modest Mussorgsky en 1874 y orquestada por Maurice Ravel en 1922. La versión que tocamos era de la Orquesta Sinfónica de Chicago. El director era Carlo Maria Giulini. La mañana siguiente leí en el diario que Giulini había muerto el mismo día que una radio de música pop tocaba una de sus grabaciones.

3.- Navidad de 1977: Tenía cinco años. Esa noche había recibido mi primera bicicleta, una CIC de paseo, azul. Me fui a la cama contento. Con mi hermano menor compartíamos una pieza espaciosa y alta, de casa antigua, cada uno en una cama. Mi mamá, por esa noche, dormía con él. En medio de las cabeceras, colgaba de la pared un retrato de Charles Chaplin. En la madrugada, se cayó al suelo. El golpe fuerte y seco contra el piso de tablas nos despertó a los tres. Mi mamá emitió un pequeño y algo ahogado grito de asombro: "Se murió Chaplin", dijo. La radio lo confirmaba en la mañana. Durante esa madrugada de Navidad, decían las noticias, había muerto en Ginebra, Suiza, el actor, director y genio del cine mudo Charles Chaplin .

6.13.2005

Maridos Laboriosos o la Igualdad de Género que No Queremos

El fin de semana, los Fortuño Peña (Valeria, Matilde y yo), pasamos una muy buena tarde en casa de unos amigos. Estaban nuestra pareja anfitriona, su hija de un año y medio, otra pareja y su hija de tan solo un mes. También estaba el púber hijo mayor del dueño de casa, claro que él era más bien una aparición espectral que rondaba cada cierto tiempo la cocina preguntando si ya estaba listo el almuerzo, aunque nadie más tenía prisa (lo lamento por el clamor de ese estómago joven, pero no hay nada más absurdo que el stress de fin de semana).

Pensé en esa tarde parte después de una conversación que tuve en la radio con Natalia y Javier. A raíz de un posteo de Natalia donde recordaba las viejas columnas de Isabel Allende en la revista Paula, hablábamos de cómo ese troglodita masculino del que se mofaba Allende parecía una especie en camino a la extinción.

Recordé que los otros dos hombres del almuerzo del fin de semana pasan mucho tiempo en la casa. Más que sus mujeres, que trabajaban fuera. Ellos me hablaron sobre el cuidado y poda de las parras, de lo bueno que es poner a secar los sarmientos que se podan, porque sirven como muy buena leña para paella. Me contaran de los gargales, unos hongos comestibles muy grandes que crecen en los álamos.

Estos eran hombres ciertamente sensibles, pero también prácticos, que saben hacer las compras, disponer qué se come en la casa, que pagan las cuentas y se ocupan de los hijos. Hombres domésticos, en las antípodas del troglodita que Isabel Allende ridiculizaba en los setenta.

La mujer de nuestro anfitrión y la del otro invitado se aparecían casi nada por la cocina, gobernada por mano masculina. La Valeria claro que estaba ahí, porque ella cultiva la cocina como arte más que como oligación de género. Mientras, yo estaba pendiente de mi hija, ejerciendo un rol que también ha sido históricamente femenino.

Pasaba lo que en muchas partes. En la casa, la frontera entre las labores masculinas y femeninas se está haciendo cada vez más difusa. En algunos casos, como el de mi anfitrión, se ha invertido. Lo primero que he notado sobre esto es que, cuando se trata de una opción, de un estilo de vida, de necesidades laborales y no por cesantía, quedarse en casa es mucho más placentero para los hombres que para las mujeres. Para ellas, comprensiblemente, puede haber cierta humillación en los menesteres de la casa. Su rollo es salir al mundo, superarse, competir, surgir profesionalmente. Un empeño de nuestro género que no ha llevado a la humanidad a ninguna parte.

La paridad entre hombres y mujeres es un tema que yo creo que no se puede separar de la relación entre nuestra vida familiar y nuestro trabajo. La igualdad entre los sexos no es un avance en sí misma. Nada impide que se mantenga la división de roles, que siga habiendo uno más enfocado en la pega y otro, en la casa. Puede que la creciente asimilación de hombres y mujeres vuelva irrelevante si cada papel cae en la figura materna o la paterna, en un hombre o una mujer, en un heterosexual o un homosexual. Pero igual puede quedar intacta la diferencia entre el principal proveedor de una familia, o sea el que trabaja y gana más, y el encargado del cuidado, el afecto, la nutrición, la contención.

Esto de la igualdad también puede provocar que ambas partes de la pareja funcionen como proveedores, que los dos esten más enfocados en el trabajo que en la vida doméstica. Esto es muy probable cuando la competencia al estilo masculino parece cada vez más apreciada por las mujeres. En una pareja así, mientras sus pegas mejoran, su casa pasaría siempre al borde del colapso: refrigeradores vacíos (hay plata, pero no tiempo para gastarla), cañerías abandonadas, montañas de ropa sucia, cuentas atrasadas, jardines convertidos en selva virgen.

En ambos casos, inversión de los roles o dos proveedores, estaríamos tan mal como antes. Me gustaría una vida en que una pareja pueda privilegiar su vida doméstica por sobre su vida laboral, al mismo tiempo que comparta y alterne roles equitativamente. No me basta con una candidata presidencial o una mujer en la Corte Suprema, esa es la igualdad de género que falta.

6.09.2005

El Odio Es Más Fuerte: Más Cosas Que Me Disgustan

Personalidades: La gente que pierde los estribos o se pone mal genio ante desperfectos ténicos o fallas humanas involuntarias. Sobre todo la gente con autoridad.

Política: El alegato de que Insulza debió haber sido el candidato de la Concertación, porque detrás de él huelo machismo y elitismo, además de inseguridad y miedo ante el tipo de liderazgo de Bachelet. La gente que dice que "la cosa se puso entretenida" con la irrupción de Piñera en la carrera presidencial, como si la política estuviera para entrener a estos perlas. Seguro que lo pasarían bomba en Bolivia. Prefiero un país con elecciones fomes como Suiza.

Cine: La película "Closer". Cuatro autómatas neuróticos obsesionados con quién se la mete a quién.

Vialidad: La inexistencia de una ciclovía que cubra todo el trayecto entre mi casa y mi pega.

Puericultura: El dirigismo cultural con los cabros chicos. Creer que les favorece no ver tele, comer cochinadas, tomar Coca Cola, jugar con Barbies o monos violentos. No estoy a favor de esas cosas. Pero no puedo estar en contra, imponiendo juicios ideológicos a los niños. Que ellos se formen los propios. Bueno, pienso específicamente en mi hija (en la foto de abajo). Así que si alguien le quiere regalar una Barbie, no tengo drama. Sobre todo porque lo más probable es que yo no lo haga.

6.03.2005

Fuck the SII

El Servicio de Impuestos Internos es una repartición que parece tan moderna, tan eficiente, tan rápida. Hasta que te enteras de que tu devolución fue retenida porque un "agente retenedor" (forma pedante de referirse a los que te pagan los honorarios) no ha pagado tus impuestos.

No es que me haya llevado una sorpresa. Al hacer mi declaración en internet, se me informó de "discrepancias de información" o algo así con mis retenedores.

Llamé a la mesa de ayuda o informaciones. Teléfono que por cierto me costó mucho rastrear en el sitio. "Oiga, me dice la página que hay un problema con mis agentes retenedores. Quiero saber cuál es el problema y qué tengo que hacer", le dije a la mujer que me contestó.

"Ellos saben", me respondió ella.

-¿Y ustedes no?

-No. Ellos saben -reiteró.

Durante cerca de media hora estuve tratando de explicarle que era el Servicio de Impuestos Internos el que decía que había un problema y que entonces yo quería saber cuál era el problema para solucionarlo. Que eran ellos los que estaban señalando algo que andaba mal y que entonces cómo iban a no saberlo. Tras la décima ocasión que le hice ver lo mismo, la funcionaria me dijo que esperara un momento, que iba a consultar el caso.

-Ellos saben -me dijo impasible cuando volvió al teléfono.

Sé que mucha gente habría perdido la paciencia mucho antes, pero yo no soy así. O al menos no tan así. Le expliqué que cuando un profesor hacía una corrección en una prueba era porque él sabía que había algo malo donde un alumno pensaba que había algo bueno. Que el alumno tenía el derecho de saber qué estaba mal y que el profesor tenía el deber de explicárselo. Agregué que, en este caso, el Servicio de Impuestos Internos era el profesor y que yo era el alumno tratando de saber qué estuvo mal. Nuevamente me pidió que esperara, que iba a consultar.

-No se preocupe -volvió-. Mire, ellos tienen un problema y ellos lo tienen que arreglar.

Pero ellos no lo arreglaron y yo me quedé sin devolución de impuestos. No sé por qué la mujer o la persona con quien consultó no me pudieron decir algo tan sencillo como "hay una empresa a la que usted dio boletas y esa empresa no ha pagado el 10 por ciento de sus honorarios brutos. Si no los pagan en el plazo, pierde usted". No sé tampoco por qué en la misma tan moderna y eficiente página web no se explica que esa es la situación.

Sí sé que la empresa pasteleó al no pagar. A todo esto, es la productora audiovisual Nueva Imagen. Pero es obvio que Impuestos Internos tenía esa información y me perjudicó al no entregármela claramente.

La modernidad y la eficiencia tienen sentido cuando implican una mayor capacidad de respuesta en una mayor diversidad de escenarios posibles. Y me quedó claro que la capacidad de respuesta de Impuestos Internos se limita sólo a un escenario, cuando todo funciona bien. La media gracia.

5.31.2005

Yo Mato la Música

Un outtake. Escribí el siguiente texto el año pasado como prueba de columna para una revista que se acabó al poco tiempo (por eso las referencias a algunos discos son "tan 2004"):

Mi historia personal con la música es como esas historias de amor imposible que terminan haciéndose reales sólo gracias a la pertinacia de una de las partes. La principal diferencia es que, al contrario de lo que puede pasar con una persona que te desvela, la música no te rechaza. Al final, y no como en las mayorías de las historias de amor, todo depende de uno.

La cosa es que ya de niño estaba muy enganchado con cosas como las canciones de Grease, Fiebre de Sábado por la Noche y su secuela, Stayin’ Alive. El problema era que no tenía dónde escucharlas. En mi casa no había más que una radio y sólo tenía banda AM. No estaba mal. Después de todo, mi generación escogió como rito iniciático de su adultez la devoción nostálgica por el repertorio romántico latino de los setenta y principios de los ochenta. Pero algo me faltaba. No tenía FM, tornamesa ni tocacintas. En mi vida no había rock and roll.

La televisión abierta de ese entonces era mi último refugio. La aparición al aire de un capítulo de Solid Gold (creo que a veces lo ponían cuando los canales tenían problemas con su señal en directo) era un regalo del azar que me regocijaba tanto como recibir un juguete inesperado. Me hice adicto a los programas de video clips y memorizaba todo lo que podía, los nombres de los artistas, de las canciones, el disco en que venían. Todos los que conversaban de música en mi mundo infanto-juvenil tenían la tecnología. Yo no, pero tenía la información.

La adquisición del primer equipo con reproductor y grabador de cassettes pasó casi inadvertida en mi hogar. Era sólo otra cosa que tocaba música. Para mí fue como ser dueño de un aeropuerto. Desde ahí podía llegar a cualquier parte. Me conseguía discos de vinilo y los copiaba. En cassettes de cromo, para que sonara mejor. Siempre llevaba conmigo cintas vírgenes para copiar los discos de otros en su casa. Si tenían discos compactos, mejor.

Sí. Yo maté la música. No tenía otra opción. Copié y copié discos. Transcribía minuciosamente desde el título hasta los créditos. Muchas veces me di el trabajo de incluso duplicar las letras de las canciones con trazo milimétrico en hojas que dimensionaba para que cupieran en la caja de un cassette. Tal obsesión no sólo me permitió acceder a la música que quería. También tuvo efectos secundarios. El menos importante fue que, de tanto copiar letras de canciones, aprendí bastante inglés. El más relevante y paradójico fue que, a la larga, me convertí en un gran comprador de discos.

Creo que al acceder a la música por la vía del bajo presupuesto aprendí a quererla más, a incluso apreciar el trabajo de la industria discográfica en su globalidad. Recuerden que mis cassettes piratas iban hasta con créditos. Así llegué a valorar el original. Cuando pude sortear los escollos económicos de la vida estudiantil, me convertí en asiduo de las disquerías. Hoy, tengo una colección de discos originales relativamente contundente, nada muy impresionante tampoco, pero satisfactoria. Algo que nunca pensé llegar a poseer en esos años de piratería apasionada.

Esa pasión es lo que la industria discográfica no comprende cuando pide que no maten la música. Es cierto que el mercado pirata callejero es un delito tributario y contra las leyes de propiedad intelectual. Pero no puede ser un delito el pirateo solitario emprendido por alguien que no tiene otra salida para tener en casa ese disco que le voló la cabeza en la casa de un amigo, que no se encuentra en las tiendas o cuyo precio resulta prohibitivo. Apuesto lo que sea a que esos piratas se convertirán en compradores apenas puedan.

Yo sigo copiando música. Quemo Cd’s o bajo mp3’s. Lo hago cuando son discos que los sellos no editan en Chile o cuyo precio en el comercio electrónico se encarece demasiado por recargos de correo que no logro entender en el país de los acuerdos de libre comercio. Al mismo tiempo, he redescubierto los discos como objeto, no como pura información, y estoy empezando a comprar vinilos. Nada me haría tan feliz como comprar vinilos de cosas que he bajado recientemente, Summer Make Good, de los islandeses mum, I, el disco de The Magnetic Fields en que el título de todas las canciones comienza con la vocal “i”, Aw, C’Mon y No, You C’Mon, los álbumes mellizos del grupo de pop de cámara Lambchop, por nombrar algunos.

Una vez, el dueño de una disquería, negocio que también debería ser sensible al pirateo informático, me dijo que para él no había amenaza en el intercambio gratuito de archivos musicales. “Si antes había 50 personas que conocían música soul, ahora hay 500. Y de ellos, muchos ya están comprando discos”.

Esos asesinos de la música son, curiosamente, los que están ayudando a mantenerla viva.

5.26.2005

Fortuño's Review: Con las Riendas del Poder: La Derecha Chilena en el Siglo 20, de Sofía Correa / El Desierto, de Carlos Franz

La derecha chilena impulsó la reforma agraria. La derecha chilena apoyó y se benefició del fomento estatal a las industrias a través de Corfo. La derecha chilena ha gobernado junto a partidos de izquierda y ha apoyado, en distintas ocasiones, medidas populistas como la fijación estatal de precios y reajustes de salarios por sobre la capacidad económica del país. Cosas como esas se leen en el libro Con las Riendas del Poder: La Derecha Chilena en el Siglo 20, de la historiadora Sofía Correa.

Por supuesto que esas cosas se sabían de antes. El mérito de Sofía Correa es que no sólo las detalla exhaustivamente y de una manera fluida y dinámica, sino que también las sitúa dentro de una trama muy interesante, la trama de la sucesión de metamorfosis con que la derecha ha intentado, y conseguido, mantener su poder e influencia en Chile a lo largo del siglo pasado.

Esas metamorfosis no sólo incluyeron giros a la izquierda y el populismo. La derecha tuvo que destruir la democracia una vez que le resultó insuficiente como fuente de representatividad (después del fracaso del gobierno de Jorge Alessandri, la representación parlamentaria de la derecha no pudo contener el empuje social de los gobiernos de Frei Montalva y de Allende).

Una de las impresiones más fuertes que me quedaron tras la lectura del libro fue que la democracia nunca fue muy valorada por los actores políticos del siglo pasado. Sólo contaba como una forma de obtener representación política y no como un valor en sí mismo. Y esto no es válido sólo para la derecha. Un sector amplio de la Democracia Cristiana apoyó el golpe de estado. Un presidente radical fue el que promulgó una ley que proscribió al Partido Comunista en la década de los cuarenta. Los partidos de izquierda fantaseaban con la dictadura del proletariado.

Tal vez nuestro ejemplar pasado republicano y democrático no sea más que un mito. Y quizás los tiempos actuales nos brindan la oportunidad de valorar la democracia como el único mecanismo posible para dotarnos de autoridades y administrar los consensos y diferencias de nuestra sociedad.

La encarnación del trágico colapso de ese mecanismo, del fin del espejismo democrático, es uno de los temas centrales de El Desierto, la nueva novela de Carlos Franz. Su protagonista es Laura, una profesora de filosofía en Alemania que durante laUnidad Popular fue la jueza más joven del poder judicial, con magistratura en el pueblo ficticio de Pampa Hundida, en el Norte chileno. Diecinueve años después del golpe, Laura vuelve a ese pueblo, donde se cometieron violaciones a los derechos humanos (la novela alude al paso de la "caravana de la muerte"). Su regreso se debe a una pregunta que su hija le formula en una carta :¿dónde estabas tú, mamá, cuando todas esas cosas horribles ocurrieron en tu ciudad?)

Parte la novela es la carta donde Laura responde a su hija, reviviendo los días de la llegada y el asentamiento del mayor Mariano Cáceres, a cargo de la construcción y regencia de un campo de concentración en las afueras de Pampa Hundida (una alusión a Chacabuco). Intercalada en capítulos situados en el presente de los hechos, la epístola detalla el asombro, la perplejidad, la culpa y el sacrificio final de Laura en pos de una justicia abolida e irrealizable.

En elpresente de la novela, Pampa Hundida celebra una vez más su tradicional fiesta religiosa (una alusión a la Tirana). Laura reencuentra a los hombres notables de la ciudad, cada uno conviviendo a su modo con las secuelas de hechos en lo que tuvieron distintos grados de complicidad o aquiescencia. Y Cáceres está de vuelta, viviendo como anacoreta en las mismas ruinas salitreras dond eestuvo su campor de prisioneros.

El carnaval religioso provee de potentes metáforas sobre la compenetración entre el bien y el mal, la convivencia entre el culto apolíneo a la virgen y el descontrol dionisíaco de la diablada. Ese es también el conflicto que encarna Laura, quien un día creyó en una justicia abstracta y universal para luego descubrir al borde del terror que no es posible alentar esa creencia ni desconocer la fuerza de un poder donde la crueldad es perfectamente posible, o al menos tan posible como la bondad, porque en esa esfera no existe tal distinción.

Si comenzamos a creer en serio en esa democracia que Sofía Correa nos muestra como objeto de manipulaciones y maniobras de sobrevivencia en el poder, deberíamos estar conscientes de ese potencial de horror que Franz instala en el desierto que rodea implacable y mudo al paisaje y los personajes de su novela.

Síndrome Ebenezer: Cosas que le gustan a todo el mundo, menos a mí

Libros y autores:

- Gabriel García Márquez
- Las novelas de Cortázar (sí me gustan sus cuentos)
- Pablo Neruda
- Los artefactos de Nicanor Parra

Cine:

- Jean Luc Besson
- Amélie
- Machuca
- Wim Wenders, desde las Alas del Deseo en adelante.

Música:

- U2
- La canción "The Blower's Daughter", de Damian (¿o Damien) Rice
- La canción "Si No the Hubieras Ido", de Marco Antonio Solís
- La canción "Lucha de Gigantes", de Nacha (¿o Nasha) Pop
- El heavy metal
- Vivaldi

Pintura:

- Roberto Matta (bueno, me gusta algo, pero no tanto como a todo el mundo)
- Dalí
- Guayasamín

Otros:

- La arquitectura de Gaudí (al menos, en fotos no me gusta, lo que puede querer decir que no me gusta seguir sin poder tenerla al frente)
- El mito de la independencia y la agresividad de la prensa chilena.
- El hecho de que todas las radios que han reorientado su programación al adulto joven de hoy estén "enseñando a vivir".
- La Negra Ester

5.25.2005

Fortuño's Review: The White Stripes

La electrónica, el swing, el soul, la bossa nova, la nueva canción francesa, los recuerdos AM, el jazz, el mambo, el tecno pop, todo eso está muy bien. Pero una sacudida rocanrolera de las buenas nunca, nunca está demás. Y eso es lo que sentí viendo a The White Stripes en el estadio Víctor Jara.

Y una sacudida rockera no significa solamente uno que otro cabeceo al ritmo de los riffs y la batería. No. Una sacudida rockera también implica cierta incomodidad, la sensación de que no estás entendiendo todo, incluso algo de miedo. Como estar frente a alguien que ve cosas que tú no. El brujo de la tribu.
Recuerdo esas historias de la gente que se paralizaba cuando de casualidad, en la calle, escuchaba por primeras veces Rock Around the Clock. A esa escala las cosas probablemente no vuelvan a pasar. Pero hay gente que sabe revivir el viejo hechizo. Jack y Meg White están entre ellos.

5.22.2005

El primer paladar

Mmmm -paladeó concentrado-. Le falta un poco de sal.
Y así creó el mar.

5.19.2005

La Maldita Guerra de las Putas Galaxias

Entre principios de los ochenta y principios de esta década (¿cómo se llama?, ¿los 2 mil?) pude vivir con relativa tranquilidad. Con los últimos estertores de marketing de El regreso del Jedi (tal vez un helado tardío o una línea de zapatos escolares asociados a la película) concluía para mí una pesadilla de exclusión en la que todo el mundo a mi alrededor parecía formar parte del universo de la infame saga. Todos menos yo. Todos habían visto las películas, conocían los personajes, tenían juguetes, el álbum, disfraces. Todos parecían felices reproduciendo un mundo que yo no había podido conocer.

Esto comenzó una tarde, una tarde dolorosamente muy, muy cercana aún. Mi papá nos fue a ver. Hace un par de años había dejado a mi mamá. "Vamos al cine", nos dijo a mi hermano y a mí. "¿Qué quieren ver?".

Fue un momento que yo había anticipado ansiosamente durante semanas y sabía perfectamente qué responder.

- ¡"La Guerra de las Galaxias"!, dije automáticamente.

La respuesta de mi papá me llegó como un golpe a la boca del estómago, uno de esos que te dejan paralizado y sin respirar. Aunque para él fue, lo sé por lo que recuerdo de su gesto, nada más que otra negativa de las que se le dan a un niño de cinco años.

-No. Porque no la vas a entender.

Tal vez dijo algo sobre otras películas que le tincaban más. No sé. Tampoco recuerdo si mi hermano dijo algo o propuso otra cosa. Lo siguiente que recuerdo es estar senatado en una butaca frente a la proyección de Cupido Motorizado. Esa película de Disney protagonizada por un Volkswagen escarabajo. Hasta hoy no puedo evitar una sensación de derrota cada vez que veo o me subo a uno de esos autos.

Tampoco he podido evitar revivir el resentimiento de entonces cada vez que se han estrenado estos nuevos capítulos de la serie, la saga, la epopeya, lo que sea. De nuevo he vuelto a sentir que todos participan de una fiesta de la cual a mí me llega sólo un rumor que no comprendo, una luz lejana que no se materializa en ninguna forma definida. Algo que -y esta es la parte más desagradable- no entiendo. Porque desde esa dura tarde para mi autoestima, no he hecho otra cosa que tratar de entender.

Nunca he visto algún capítulo de la Guerra de las Galaxias desde principio a fin. Sé que no costaba nada hacerlo, pero la estúpida anécdota de la negativa de mi papá adquirió una dimensión simbólica demasiado grande como para neutralizar su recuerdo trivialmente, arrendando un video o un DVD. Sí sé que tal vez pueda vencer el trauma de esa ofensa de mi papá desenfundado la espada ante él, tal como lo hace Luke Skywalker ante Darth Vader en una escena que sí he visto.

Pero Luke la tuvo más fácil. El no sabía que su adversario era su padre. Y yo aún no entreno para Jedi.

5.10.2005

Noches Concierto

He programado, producido y escrito este programa de Radio Concierto por ya más de cuatro años. Recién ahora he incluido una lista de lo que se toca en cada sesión. Aquí va el link:
http://www.concierto.cl/scripts/concierto/noches/template.asp.

4.28.2005

Fortuño's Review: Primer Debate entre Soledad Alvear y Michelle Bachelet

Abordaré el debate entre las precandidatas de la Concertación como programa televisivo, antes que como una instancia política, que para eso ya hay. Sin embargo, creo que muchas de las conclusiones políticas que se han formulado sobre este evento están determinadas por su puesta en escena para la televisión.
Como todo show de TV, el debate tuvo un guión. Y el que tuvo el encuentro de ayer fue poco creativo y tedioso. La presentación de Bernardo de La Maza y su descalificación a dos candidatas presidenciales cuyos nombres olvidó junto al año en que postularon, marcó la pauta de titubeos y vaguedades que vendrían a continuación. La falta de preparación y dominio de la situación fue una debilidad tanto del moderador como de Michele Bachelet. El guión de Soledad Alvear estuvo más contundente. La precandidata DC se mostró no sólo matea, sino que con cierto sentido de construcción dramática, como cuando quitó tiempo a una de sus respuestas para diferenciarse de Bachelet sobre los impuestos a la clase media (aunque luego pecó de vaguedad cuando se le preguntó cómo aliviaría la carga impositiva de los sectores medios) y cuando, a lo O'Higgins diciendo "aquí está mi pecho", desafió a quienes sospechan de los negocios de Gutenberg Martínez exclamando "¡si quieren atacar a alguien, la candidata soy yo"!
También hubo un guión previo, que fue el acordado por los comandos. Aquí distingo claramente dos elementos que atentaron contra el interés del debate. El primero fue la decisión de que las candidatas responderían preguntas distintas, dejando a cada una la posibilidad de abordar temas planteados a la otra sólo a costa del tiempo de su respuesta a una nueva interrogante. Así, la palabra debate pierde sentido. No hay una real confrontación de ideas. Si los únicos que acceden a una posibilidad de diálogo son los periodistas, a quienes por reglamento se les dio el derecho a contrapreguntar, es obvio que los que terminan brillando son ellos. El segundo elemento que restó interés fue el acuerdo de no mostrar a una candidata mientras hablaba la otra. Puede ser muy fraternal y toda una muestra de fair play, pero es una soberana lata cuando no puedes ver en la tele las reacciones de un personaje aludido por otro. Es como mostrar sólo al equipo que lleva la pelota en un partido de fútbol, o al que hace el gol sin mostrar la reacción del arquero superado.
En el plano formal, la concepción televisiva del debate también fue contradproducente. ¿Por qué estas dos señoras tienen que estar paradas en esas tarimas tan fomes? ¿Por qué la solemnidad de las preguntas (el único más desacartonado fue Nibaldo Mosciatti, gracias Nibaldo) ¿Por qué esos tiros de cámara tan convencionales? ¿Por qué, en el fondo, si el mensaje que la Concertación tranmsmite con la competencia entre estas dos precandidatas es el de un profundo cambio cultural, el debate se organiza, desarrolla y televisa como si ese cambio no se hubiera producido, somo si siguiéramos en el año del encuentro Kennedy - Nixon?
Si las hubiesen puesto más cómodas, si hubiesen podido confrontar ideas, con preguntas menos impostadas, tal vez hubiésemos quedado con la impresión de haber visto un debate valioso y no un rito político-comunicacional vacío y anticuado.